Perdido en el supermercado

Imagen: Mariela Acosta
Selectos Condado planta bandera –y una crisis de identidad– en Santurce

Hace unos meses comenzaron los rumores: un supermercado nuevo estaba por abrir en Santurce. Es un síntoma de la sensibilidad de la época, un nuevo modelo de teléfono o la apertura de una tienda genera hoy en día tanto ‘buzz’ como antes lo hacía un ‘blockbuster’ de verano. Claro, este no era el lanzamiento del iphone 5, o el debut de Victoria’s Secret en Plaza las Américas. Aun así, no pude dejar de notar el entusiasmo de algunos gastronomistas del área desesperados por encontrar una alternativa al decaído SuperMax de Condado.

Supe que había abierto a finales de agosto, cuando empezaron a aparecer comentarios en las redes sociales. “Alguien sabe si vale la pena tirarme hasta el Selectos de Santurce?”, preguntaba uno de mis amigos de Facebook conocido por sus observaciones mordaces sobre urbanismo. Otra posteaba, “Selectos de Santurce con rico café espresso, frappes, desayunos, almuerzos y hasta barra!! Y Soda Estereo y Enrique Bunbury en la radio!”.

La curiosidad terminó por vencerme el día que vi una bolsa de Selectos en la calle, y me enteré que el nombre venía con un apellido totalmente desubicado. Selectos Condado es el nombre oficial, a pesar de estar en el mismo centro de la Parada 22, al lado del edificio Ciudadela. Fue entonces que decidí lanzarme a reseñarlo. Su crisis de identidad me intrigaba casi tanto como las ganas de novelerear en un espacio que ya se perfilaba en los medios como un Disneylandia gastonómico para ‘yuppies’ recién llegados al vecindario.

Judgement-Free Zone

Tengo que reconocer que guardo buenos recuerdos de las calles más sórdidas del barrio de Cangrejos. Cada vez que me mudo de vuelta al barrio (algo que me ha pasado intermitentemente en la última década) me siento como si me reencontrara con un romance que se acabó hace mucho tiempo: me alegra que todavía esté ahí, pero también me pregunto en qué estaba pensando cuando nos metimos en una relación .

El mío no es el Santurce cincuentoso de la era dorada de cines y teatros, ni tampoco el de la decadencia incipiente de los 70, cuando esos mismos cines pasaron a ser antros de películas porno con el piso pegajoso. A mi me tocó el Little Santo Domingo de la década rosellista de los 90. Los dominicanos, con sus puestos de frutas, sus barras de bachata y sus padrinitos impregnados con el olor a rabo encendido se ocuparon de hacer ciudad en los espacios urbanos que habían quedado vacíos.

También era el Santurce de una movida tan gay como narcómana, con su centro firmemente puesto en Krash, la notoria discoteca de la Parada 18. Iba a menudo, aunque entré pocas veces. En más de una ocasión el ‘bouncer’ me dijo que la gente ‘straight’ no podía entrar. Supongo que mis cargo pants, mi guayabera estrujada y mi barba desaliñada delataban mi condición de slacker heterosexual.

Como quiera que sea, el corillo de jóvenes desajustados con el que andaba en esa época prefería beber cervezas baratas entre las dragas de Yahaira’s Pub, un chinchorro desaparecido que estaba donde ahora se alzan las torres de Metro Plaza, ese otro polo de revitalización residencial santurcina. El término –revitalización urbana– siempre me ha dado un tufo fuerte a eufemismo, una manera de referirse a la toma de la ciudad por profesionales jóvenes de mi generación, de los 30 para arriba, que ya no quieren cunetear en el área. Es una casta que prefiere un estilo de vida citadino moderno y seguro, cuyo precio (originalmente entre los $195 mil y los $650 mil) queda muy lejos de las rentas de clase trabajadora que habían imperado en el área por mucho tiempo.

Ciudadela, sin embargo, tardó en arrancar, y se ha visto involucrada en problemas legales casi desde el comienzo. He escuchado a más de una persona decir que fue a ver los apartamentos, y que sus paredes de ‘gypsum board’ no justifican el precio de compra. Los comercios dedicados a una clientela de mayor poder adquisitivo demoraron en llegar, pero una vuelta por la Parada 22 confirma que finalmente están llegando. Hasta una librería nueva está por abrir, marcardor innegable de que el bloque se está transformando.

Al Selectos se llega por una plaza donde está el histórico edificio Blanche Kellogg, una escuela de señoritas del 1903 que aún retiene la elegancia de la arquitectura original del barrio. El contraste con la torre de cartón piedra y cristales con acentos mostaza que se alza a su lado es fuerte. Fue al cruzar la plaza que me topé con Planet Fitness, un gimnasio gigantesco que pone a gente joven y atractiva a sudar en vitrina. El gimnasio, que abrió en el pasado mes de junio, presenta un marcado contraste con la onda cutre de las calles a su alrededor. Un letrero gigantesco que lee “Judgement Free Zone” le da la bienvenida a los peatones. Por lo que vi –lycra ajustada, miradas furtivas entre los chicos y las chicas en las trotadoras- esta es la zona del fichureo y la seducción.  No había llegado al supermercado, pero ya se veía la entrada al ‘meat market’.

Justo antes de entrar descubrí una clínica de cirugía plástica. Bienvenidos al nuevo Santurce, aquí los supermercados prefieren decir que son de Condado, y antes de entrar a hacer la compra se puede hacer un poco de ‘spinning’, o pullarse la bemba con Botox.

Casabe y aceitunas

El Selectos es gigante. La claridad de la luz tiene una calidad antiséptica, y junto con el brillo a nuevo que tiene la ambientación, el entrar se siente como meterse varias pepas anti-depresivas de cantazo. Con sus 22 mil pies de góndolas repletas de productos con las etiquetas nítidamente mirando hacia al frente, este es un paraíso para neuróticos obsesivo-compulsivos. El montaje está diseñado para enfatizar las frutas y las verduras, el talón de Aquiles de la mayoría de los mercados locales.  Ni una sola sandía fuera de lugar, o –dios libre a los ‘yuppies’ de esta imagen tan desagradable– algún tomate con moretones o un pepinillo mongo.

El factor de ‘shock and awe’ se extiende a la carnicería, donde los cochinillos enteros comparten espacio con cortes de ternera y filet mignon marmolizado. Teniendo en cuenta que es un lugar que se ha abierto con consumidores conscientes de la calidad de los alimentos en mente, me llamó la atención que no hubieran más productos artesanales. Hay cerca de ocho marcas de pique, por ejemplo, pero ninguno es hecho por artesanos de aquí.

Mientras tanto, el flirteo del Planet Fitness se había trasladado a los pasillos de las verduras, donde jóvenes profesionales con una rutina estricta de ejercicios esparcían sus feromonas indiscriminadamente. Frente a mí una chica en ‘tank top’ con una alfombrilla de yoga debajo del brazo discutía sobre los méritos del chile habanero versus el chile seco de árbol con un chico recién salido del gimnasio. Nunca llegaron a una conclusión sobre los chiles, pero por lo menos intercambiaron números de iphone. Hacer un levante en una barra parece ser cosa del pasado, los supermercados son el lugar perfecto para conocer a gente soltera, sobre todo cuando están abiertos 24 horas.

Pero por más que este Selectos se trate de alejar de Santurce, el barrio hace acto de presencia de formas inesperadas. Cerca del Olive Bar con 6 tipos distintos de aceitunas hay una góndola llena de productos dominicanos. Casabe, jabón de Cuaba, Soda Country Club de colores radioactivos: aquí Quisqueya queda representada de la misma manera en que otros supermercados ostentan secciones de productos exóticos, como si de las góndolas asiáticas con salsas de soya marca Kikkoman se tratara.

El día en que hice mi peregrinaje se estrenaba el Deli, que ofrece un menú de sándwiches, hamburgers y burritos. La barra de batidas y ‘smoothies’ naturales era de esperarse, así como la estación de sushi, pizzas y pollos de rotisserie. Todo indica que se convertirá en una opción adicional de almuerzo para los que trabajan en los bancos circundantes, y para los habitantes de Ciudadela que extrañen la comodidad de un ‘dining hall’  de universidad gringa.

El espacio de preparación de comida, llamado The Treehouse, cuenta con una barra que aún no ha abierto.  Una de las empleadas –se notaba que era el primer día por lo amigable que estaba todo el mundo, lo que reforzaba la impresión de que me había metido en el imperio del litio para calmar los nervios- me explicó que esperaban por los permisos, aunque ya exhibían una amplia selección de  cervezas artesanales.

Es en esa área donde las contradicciones del Selectos Condado terminan por tener un  choque frontal. Es un lugar hiper-consciente de la salud, que cuenta con dos áreas especiales llamadas “Super alimentos: leemos las etiquetas por ti”, donde se recomienda comida alta en valor nutricional y baja en calorías. Sin embargo, el menú del deli cuenta con joyas de la casa como el “Luther”, un ‘bacon cheeseburger’ que se sirve entre dos donas de Krispy Kreme. Con platos así es bueno saber que hay un gimnasio cerca.

Check out

El aspecto más peculiar de la tienda está al final, luego de pasar por la caja registradora y la cava de vinos y licores (que se sintió un poco pequeña luego de haberme perdido en el espacio cavernoso del mercado). Los ‘baggers’ montan la compra en cajas que luego bajan al estacionamiento por medio de un sistema de correas mecánicas. Una vez abajo, otros baggers montan la compra en el carro.

A mi me tocó un chamaco de cabeza rapada y mirada juguetona que se había quedado solo y arrollado con las familias que habían llegado a novelerear, y que ahora esperaban a que él terminara de montar la compra en sus carros. Cuando le pregunté si no había más gente que lo pudiera ayudar me dijo, “es que mi compañero sufrió un percance”. No quiso abundar sobre cuál podría ser ese percance, pero sí dijo que le encanta la onda de bajar la comida en las correas. “Le da personalidad a tó esto”, me aseguró con una guiñada de complicidad.

Unos días después regresé. Quería ver cómo era lo movida durante el día. Increíblemente, el gimnasio tenía una buena cantidad de usuarios, a pesar de ser un lunes a las 3 de la tarde. El flirteo en los pasillos de las verduras seguía tan intenso como la última vez.

Al salir le di una vuelta al bloque. Frente a Ciudadela hay una tienda de baratija llamada Santurce Discount. Su lema es “más barato imposible”. Y si bien el Selectos tiene precios que compiten con el SuperMax de Condado, no hay punto de comparación con esta tienda. En esa misma acera había un tecato volando en cantos en el carril de guaguas, un hombre con dos bolsas Glad a cuestas que buscaba latas en la basura y un deambulante sentado en una silla destartalada pidiendo limosna. El Selectos y una buena parte de su clientela pueden aspirar con ansias locas a estar en Nueva York o en Los Angeles, pero luego de hacer el ‘check out’ no hay manera de ignorar que siguen estando en Santurce.

La gráfica es de Mariela Acosta. 

  • Tita Nunez

    Muy bien expuesta realidad y aunque lo escribes de forma genialmente jocosa, la realidad es triste. Es trsite ver como un barrio -una vez pueblo- emblemático no retome su desarrollo desde una base histórica y de respeto a aquellos que llegaron PRIMERO. Resulta que ahora Santurce es chic porque este en el Condado, y cómo es eso lo mudaron?!

  • Miss_Sak

    Excelente artículo (y gracioso por demás) que ejemplifica cabalmente la gentrificación que está ocurriendo en Santurce en estos momentos. Si se quiere progresar, el cambio es inevitable; sin embargo, no debemos comprometer nuestra identidad (i.e. Selectos Condado) a cambio del progreso. Una vez más, excelente reseña y espero leer más artículos del autor en el futuro. Saludos!

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