Caminando con Y no había luz

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Un minuto de silencio por una comunidad expropiada. El pasado domingo 23 de agosto, los personajes del grupo de teatro Y no había luz salieron del Museo de Arte de Santurce y ya estaban listos para empezar a caminar junto a su público, una comunidad artística inseparable, de regreso a casa. Allí estábamos reunidos escuchando a Yussef que tomó el megáfono y pidió un minuto de silencio. Todos lo personajes ya estaban vestidos y listos, en un pequeño parque frente al centro gubernamental Minillas en Santurce. Desde allí, el Museo de Arte se veía lejos al otro lado de la calle. Había quedado en el pasado. El público, convertido en intérprete, o los intérpretes transformados en público, comenzaron a caminar por la avenida de Diego hasta la avenida Ponce de León para instalarse de regreso en el taller donde muchos de ellos nacieron.

Recuerdo la exposición que terminó. Nos ayudó a recordar la trayectoria de uno de los grupos culturales más consistentes y pertinentes del país en los últimos 10 años. La exposición también sirvió como homenaje al trabajo y al compromiso de Julio, Nami, Francisco, Yari y Yussef, así como el de sus colaboradores. Pero de eso no se trataba la actividad. Se trataba de algo más práctico, una caminata para devolver los materiales de trabajo al taller. Era un acto simbólico que marcaba la hora de regresar con los personajes a casa. Pero antes, un minuto de silencio. Un esfuerzo por mantener o construir una memoria colectiva sobre la comunidad de San Mateo de Cangrejos expropiada, la que ya no está. Durante ese minuto, observé el pedregal y la verja que lo cubre, e intenté imaginar las casas y la gente desaparecida. Era como si el ritual de los personajes intentara producir una respuesta al desplazamiento causado por las nuevas formas de vida urbana. Como si la caminata de personajes, con cada paso, movimiento y melodía, procurara reponernos de la fragmentación que vivimos en la ciudad. Como grupo, nos miramos y comenzamos a caminar, intentando crear una coreografía de movimientos que representara nuestro sentido de comunidad.

Caminata

En el camino, algunos nuevos negocios se han creado tras la expropiación. En el camino, muchos otros espacios continúan cerrados, clausurados o abandonados. En el camino, el centro de Bellas Artes nos observa y sugiere regalarnos una plaza vacía para seguir creando una nueva ciudad. En el camino, casi sin darnos cuenta, llegamos al taller. Se celebra la llegada pero también se guarda silencio y respeto. Quisiera seguir esta celebración de Y no había luz por muchos años más. Llegamos cansados al taller. Un minuto de silencio por una comunidad expropiada. La llegada es tan solo el fin del descanso. Se recuperaron los materiales. Ahora a trabajar.