El efecto de la Baldorioty

por

Se podría decir que hay por aquí en esta pagina de “La Calle Loiza, El Sitio Que Mas Quiero,” gente de la calle Loíza de antes de la Avenida Norte – Ahora Baldorioty De Castro – y de gente de después de la construcción de esta avenida.

Hay también otros que a pesar de no ser de ese sector geográfico, ni antes ni ahora, tienen alguna relación afectiva y se sienten como de allí, visitan amistades, pasan por allí hacia las playas, visitan los existentes y emergentes restaurantes y o comercios. En fin, son también parte de esa estructura urbana que le da su nombre – La Calle Loíza. Digo esto como resultado de impresiones que me vienen a la mente de como el tiempo y la construcción de las ciudades impacta en la sicología de la gente. Es como decir que ese cemento, ese asfalto, esas paredes que son las carreteras y calles, determinan en una ciudad y pueblo, mucho más de lo que aparentemente parece ser por el solo transitar por las calles, cruzar por ellas, andar por ellas… de un lado a otro.

Además del desplazamiento de muchas familias para la construcciones, esa avenida Norte de nombre Baldorioty De Castro, su construcción significó un cambio económico negativo para el área y fuente de empleo para el personal que laboró en ella. Fue negativo en términos comerciales, para los negocios también desplazados en el área. La avenida, desahucio a los residentes y comercios, no proveyó para la ubicación ni construcción de negocios nuevos que supliera a los residentes restantes en el área, además de que hizo que obligatoriamente esta población desplazada encontrara donde vivir.

Así surgieron innumerables nuevas edificaciones para vivienda llamadas urbanizaciones – Los Ángeles, Villamar, Vistamar, Vistamar Marina y muchas otras; y al sur del área metropolitana, Puerto Nuevo, Reparto Metropolitano, Las Lomas y otras urbanizaciones privadas, de construcción no en serie, donde el dueño tenía que conseguir un ingeniero, arquitecto, contratista para la edificación de la casa. Surgió también la proliferación de la vivienda pública llamada caserío. Los centros comerciales aparecieron también como supuesta solución a la destrucción de aquellos comercios existentes en el área de la avenida que habían sido destruidos y suplían las necesidades de la comunidad del sector calle Loíza, desde la Eduardo Conde hasta la Mcleary. O sea, habían dos centros comerciales en el área, los de la calle Loíza y los de la calle Isern que existió precisamente en el área dominada por la nueva construcción. Esta avenida corría desde la avenida De Diego hasta creo que la calle Providencia.

Todas las calles transversales, cruzaban esta avenida de doble vía, había semáforos solo en algunas, recuerdo la calle Las Flores como una de estas donde había luz de tránsito. La gente transitaba por estas calles transversales desde Barrio Obrero a través de la calle Tapia pasando por Villa Palmeras, Avenida Eduardo Conde y la Loíza, hasta el Océano Atlántico para asistir a la playa y/o comprar en las tiendas de la avenida Isern o la calle Loíza.

El sector Loíza aglutinaba a las clases sociales de manera que los más pobres ubicados en lo alto del Hato Del Cabro al borde de la avenida Eduardo Conde y Barrio Obrero, los de clase media baja y semi-profesionales y obreros, entre Eduardo Conde, Isern y la Loíza, y los de clase media y profesional, comerciantes emergentes, entre la Loíza y la Playa. Estas configuraciones no son estrictas, ni mutuamente exclusivas, sin embargo. La configuración física daba la oportunidad del intercambio de todo entre todos los ciudadanos del área. Las separaciones por raza, preferencias sociales y de clase existían siempre pero el intercambio, relación, amistades, celebraciones, actividades y deportes, se daba a través de la posición social. Diferencias étnicas casi no habían, la inmigración casi inexistente. Venía gente a comprar desde las Islas Vírgenes, Santo Domingo, Haití, etc. Algunos se ubicaron en Puerto Rico en esta área, dando un aspecto multicultural, pero no era significativo o de impacto socio-político. Diferencias de clase y raciales sí, existían.

Había un sistema de transportación donde las ‘guaguas’ se movían de manera que se facilitaba el tránsito de norte a sur y viceversa, cosa que no existe hoy de manera que esas calles que van de norte a sur no se comunican por la ruptura que surge como resultado de la avenida Román Baldorioty De Castro. Los árboles frutales grandes existían por todos los barrios, arbustos y plantas ornamentales, las palmeras de coco y corozo daban sombra a las viviendas y nutrición a la misma vez. Los ‘jueyes’ salían de las cuevas en los patios de las casas y abundaban en tiempos de lluvia. Ya el gas natural existía soterrado en todas las viviendas del área. Con la destrucción de la avenida también surgieron los tanques de gas que se distribuyen todavía en las casas de urbanizaciones que no tienen estufas eléctricas. Hasta ese momento se podría decir que todas las estufas funcionaban con gas fluido. Los teléfonos escaseaban y la televisión no existía. La radio reinaba como suprema de los programas de diversión entre la gente.

Había un alcalde de barrio que era el intermediario entre el municipio y la gente de la comunidad. Los políticos caminaban a pie por los barrios haciendo contacto con la gente durante y antes de las elecciones…la Baldorioty De Castro destruyó todo un sistema social y dio comienzo a la segmentación, polarización y separación entre las clases sociales de la calle Loíza, al mismo tiempo que dio paso a una redistribución y concentración poblacional, a la proliferación de las urbanizaciones y centros comerciales y luego la especulación de terrenos y construcción de condominios; rompió los sistemas tradicionales de comunicación social y política, y dio paso a la destrucción de la infraestructura comercial y social existente hasta ese momento. Todavía hoy – la calle Loíza es impactada por esa avenida que cruza de oeste a este hacia el aeropuerto de ‘Isla verde’ – que comunica por esa vía a Puerto Rico con el mundo exterior que trae lo bueno y lo malo.