El juego en Santurce

Desde temprano se vieron algunos carros con banderas, casi todas dominicanas, transitar por la Loíza. Temprano es como a las siete de la mañana. Según se iba acercando la hora del juego la calle se tornó silenciosa, casi no había carros. En los negocios la gente se concentraba frente a los televisores, en grupos pequeños. En todos los negocios de la Loíza donde había un televisor estaban dando el juego. Cada cual con su clientela más o menos regular pero uniformada, nerviosa.

En Pa’l Cielo –casi frente a Santa Teresita en la calle Loíza- tenían el juego proyectado contra la pared pero justo antes de los himnos todavía no habían llegado los fanáticos. Entran los equipos. Yadiel con la bandera. A ninguno de los turistas en las dos mesas que estaban ocupadas parece importarles. La Sinfónica de Londres interpreta los himnos. Hora de caminar hacia el próximo spot.

El juego en PK2.

Primera Entrada:

En PK2 –un restaurante peruano en el 2008 de la Loíza- hay dos o tres mesas de turistas comiendo ceviche. En la barra cuatro personas atienden, atentas a la pantalla. Está por lanzarse la primera bola. El dueño del negocio –un muchacho peruano que hace un ceviche excelente- intenta hacer un ajuste en el televisor y se va todo, imagen y sonido. “Ay mi madre, pero ¿y qué tu me haces?”, le dice el dominicano que está sentado justo frente al aparato. El asunto se resuelve en segundos, pero fue un susto. “What is going on?”, se preguntan los turistas en su mesa. “Who is playing?”, sin interesarse demasiado. La expectativa dura poco. Media entrada para ser exactos. “Lo van a caminar”, dice uno de los narradores, en español, cuando Robinson Canó se para al bate. “Y no veo porque no”, le contesta el otro. Y de primera pasó a anotar después de que Encarnación bateara un doble con dos hombres en base que básicamente selló la suerte del partido. Todos aplauden. Estoy sola en el mundo, puñeta.

Segunda Entrada:

Pasé de largo por Corps y La Fuente, lo acepto, no me atreví a entrar, bastaron las fotos de mujeres en bikini que cubren los cristales que no dejan a uno mirar pa’ adentro, y el letrerito que dice afuera, “se buscan empleadas de buena presencia” para que yo no quisiera ni asomarme a ver si tienen el juego puesto. Vamos a asumir que sí, pero no me consta. Llego al Café Quisqueya. La oscuridad que hay adentro se interrumpe casi exclusivamente por la luz del televisor a la esquina izquierda superior de la barra. El sitio está casi vacío. Todos atienden al juego. Una pareja de turistas americanos baby boomers está totalmente inmersa en el juego. Me pregunto cómo habrán llegado hasta allí.  No pasó un minuto antes de que uno de los presentes me ofreciera, insistentemente, un trago. Ta fuerte la cosa. En Café Quisqueya no había narración ni en español ni en inglés, lo que había era bachata: “y solo porque tu me cambiaste por unas monedas…” Viene, rapidito, los tres outs que me voy.

Tercera Entrada:

Un hit de Motorita. Reacciones mixtas de la audiencia. Fancy Pizza – en la de Diego- es uno de esos espacios híbridos santurcinos. El staff es dominicano casi en su totalidad, los clientes están divididos. Más boricuas que dominicanos, pero hay de los dos. Los narradores del juego, versión en español, le llaman Motorita a Motorita. Me había perdido esa familiaridad por estar viendo el Clásico en inglés. Falú batea para out en primera. “Ay bendito”, dice el señor de espejuelos parado al lado de la puerta mientras aplauden en la otra esquina de la barra dos doñas que beben Presidente.

Cuarta Entrada:

En el Plan B – en la esquina de la Loíza y la de Diego- hay pantalla gigante y televisores por todas partes. La narración es en inglés. No hay dominicanos o si hay no dicen nada. “Todavía tienen 2 carreras, si tuvieran 5 ahí sí te digo, pero Puerto Rico todavía está en juego”, le dice un señor que está parado en la barra al desconocido que tiene al lado. “Si pero si no mueven el bate, no le van a dar”, le contesta el otro sobre la pasividad ofensiva de la novena boricua. “Ahora Andy González va a dar un hit y lo va a traer”, dice. Pero no. Nada de hit y menos de traer. En Plan B,  igual que en los demás negocios de la calle, es obvio que la gente sabe de beisbol. Saben lo que está pasando, “aconsejan” a Edwin Rodríguez, gritan, aguantan la respiración.

Quinta Entrada:

Tengo que salir de la Loíza. Antes paso por Bebos y veo a un grupo de hombres mayores sentados en varias mesas. Están concentrados. Toman vino y toman notas en un papel. Pasa la quinta y no pasa nada.

Sexta y Séptima:

El televisor es pequeño. Para que se tenga mejor visibilidad está colocado sobre una caja de esas plásticas donde se guardan los galones de leche que a su vez está sobre la barra de Bonanza. Justo en frente se colocan las sillas en una media luna. El público dividido como por el canal de la Mona. Los dominicanos no hacen ruido a pesar de que se hace casi evidente que esto se acabó y que son los campeones. Tiran estadísticas entre ellos, comentan por lo bajo. El corillo de boricuas no parece ser tan conocedor como el de Quisqueya. Pero igual se estresan. “Ay yo no puedo con esto”, dice uno. Enfocan a Fernando Rodney (pitcher dominincao) con su plátano enganchado en la cintura del uniforme cual arma. Hay que respetar semejante cosa. Dominicana anota una tercera carrera. Esto se jodió.

El juego en Bonanza.

Octava Entrada:

Me rindo. Voy camino a Barrio Obrero, fuck it. El panorama en los chinchorros y colmados de la Eduardo Conde se va dominicanizando según uno se adentra en la calle. La gente, en grupos pequeños, arremolinada frente a los televisores en cada negocio. Todos atentos al juego. En uno de los colmados había sillas blancas de esas plásticas colocadas frente al tv que tenía encima una bandera de la República. Se hacen cada vez más visibles las banderas quisqueyanas, me voy acercando a la Placita Barceló. Hay barricadas, no se puede pasar en carro. No hay parking. La placita está llena de gente de pie. Una bandera de Puerto Rico, enorme, flota entre un mar de banderas dominicanas.

Novena Entrada:

Por alguna razón la narración en la pantalla gigante de la placita es en inglés. Pero no importa. A este público no hay que narrarle nada. Les basta con mirar. Un strike es un strike y un out es un out y lo que faltan son tres. Hay hombres y mujeres de todas las edades. El ambiente contrasta con la imagen que presentan en la pantalla de la transmisión del juego: una plaza de Puerto Rico, no dicen cuál, llena de gente seria y callada. Tres out y en la Barceló se formó tremendo pari.

Placita Barceló.

Me fui de regreso pa’ la Loíza con una sensación de vacío al saber que se acabó el Clásico y falta un mes para que empiecen las Grandes Ligas. Que Dominicana ganara era lo que se esperaba, como se esperaba en el Clásico del 2009 y el anterior, son los mejores.  “¿Se acabó?”, preguntó uno de los municipales. Contesté sin  perder el paso: “Perdimos”.