El mercado de Santurce

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Me alegra mucho presentarles a ustedes el libro: El mercado de Santurce, las pasiones del corazón y la memoria en el barrio San Mateo de Cangrejos, del profesor Edison Viera Calderón. La alegría me viene por varias vías: por la amistad y los afectos y porque se trata de un libro que considero importante, una lectura obligada para los que quieran no solo conocer a Santurce y su desarrollo, una historia por demás inusitada, sino para los que quieren conocer sobre las fuerzas y procesos sociales e individuales que dan forma a las ciudades en contextos coloniales.

Anoche, precisamente anoche, en ese laberinto de imágenes de tramas confusas, que son los sueños, anduve entre una muchedumbre que se movía agitadamente por espacios obtusos llenos de bultos en el piso, colocados en mesas o colgando de algún techo improvisado. No recuerdo olores pero sí una viva sonoridad de gritos y voces. Caminé también cerca de edificios nuevos cuya arquitectura era de una clara modernidad incipiente y cuyos espacios siempre estaban también llenos de gente en eterno hacer, en eterna faena de hacer ciudad.

Cuando le conté el sueño a Liliana me señaló inmediatamente que había estado paseando en el sueño por la Plaza de Mercado de Santurce. Sin proponérmelo, fui llevado de la mano por el libro a remirar el lugar. Las “Pasiones del Corazón y la Memoria” como dice el título, juegan trucos imprevisibles, seleccionando las piezas de lo recordado en un aparente azar, a su antojo.

Este libro es una versión resumida de la tesis doctoral de Edison Vera, texto que leí en toda su magnitud de casi mil páginas y he usado como referencia para algunos de mis escritos como San Juan tras la fachada. La versión en libro, organizado en viñetas cortas, resulta muy amena y de fácil lectura, ayudado por una fuerte dosis de imágenes que ubican al lector en lugares y contextos visuales y, otras inquietudes.

El libro narra la vida y milagro de un espacio de convergencia, uno de los pocos lugares de estar, de la ciudad cangrejera. Lo hace a partir de las vidas que lo fundaron, lo poblaron, lo hizo suyo, y al apropiarlo lo construyeron y transformaron de muchas maneras. Al historiarlo, al presentar las vivencias que le dieron sentido al lugar y lo convirtieron en espacio urbano, Viera nos presenta también una historia de San Juan. Una historia que a partir de lo local nos ayuda a comprender mejor lo global. Ciertamente con otros nombres, otros personajes, otras acciones, otros espacios.

Las ciudades son siempre una mezcla de lugares de intercambios de gestos, muecas y miradas como dijo Calvino, plagadas de maneras de habitar. Están llenas de sorpresas, provocaciones, ilusiones, desilusiones, encantos y desencantos. En el caso de los personajes que entrevista Edison hay un deseo de ser parte de esa vorágine que en Santurce supuso el tránsito de campo a suburbio y de suburbio a ciudad y más aún una ciudad con aspiraciones de ser el centro urbano de la capital. En cuanto a lo anterior cito a Llorens Torres citado a su vez por Edison:

“En Puerto Rico no hay nada mejor que Santurce. Antes era un mal barrio de San Juan, hoy es un pueblo delicioso, mañana será las más bella, la única ciudad de la isla”.

Valga decir con cierta nostalgia que Santurce nunca logró cumplir a cabalidad ese anhelo. El Santurce de hoy es un deseo que nunca se logró.

Este es un libro tumultuoso, plagado de murmullos y relatos. Es una conversación continua de muchas voces simultáneas. Voces muy pocas veces recogidas en la historia que conocemos. En las páginas de este libro caminaremos por calles y callejones, desconocidos para muchos, en torno a la Plaza del Mercado en la primera mitad del siglo XX. Sin dejar afuera sus olores y ruidos, su riqueza visual y sus rituales. El texto de Viera, siguiendo la metodología de investigación conocida como historia oral, nos ofrece un caleidoscopio de personajes que cuentan el cuento de cómo se fue haciendo la ciudad en torno a la Plaza. Y lo cuentan a su manera, según lo vivieron, o para ser más preciso según recuerdan haberlo vivido. Al hacerlo confrontan nuestros estereotipos y nos cuenta cosas que no sabíamos. En eso estriba uno de los aciertos de este trabajo, su capacidad para acercarnos a los ignorados, los marginales y los demás ‘otros’ para conocer sus otras historias. Aquí, consignados para la historia aparecen comerciantes, consumidores, asiduos y buscadores de fortuna, junto a chiriperos, profesionales y ‘hombres de negocio’. Todos ocupan un lugar, o mejor dicho varios, en esa tarea colectiva de hacer ciudad. Todos reflexionan y, al hacerlo, producen nuevo conocimiento. Todos son protagonistas. Esta es una historia que necesitaba ser contada y recopilada.

Sobre esa muchedumbre que ambula en torno a la Plaza del Mercado vale la pena detener la mirada un poco.

Caminando las calles, los caminos de arena y callejones de Santurce veremos negros fundadores del barrio Cangrejos, pasajeros del tranvía y jóvenes que cogen pon colgados de las ventanas y pasajeros del tren que llegaron para quedarse. Miraremos tal vez de soslayo a hípicos y frecuentadores de bares, una madama que vende dulces vestida de traje largo bien planchado, negocios de fritanga, estudiantes de la Superior Central manifestándose en defensa de la nacionalidad, camiones destinados a la Plaza, carretones para el lleva y trae, compradores y vendedores de todo tipo de productos de la tierra. Gente en eterno hacer.

Recorriendo la ciudad seremos testigos de la urbanización de nuevos vecindarios como El Condado y Campo Alegre, a donde fueron a parar pobres desahuciados de otras partes de Santurce, Al adentrarnos en sus espacios seremos testigos de la segregación social y de las quejas de los jóvenes que no pueden pasar por ciertos vecindarios de noche y a veces ni de día perseguidos por los guardias y los mismos residentes.

Conoceremos sobre todo cómo y dónde vivían distintos sectores sociales y conoceremos también los pobladores de la Plaza incluyendo vendedores de comestibles, comida cocinada, periódicos, niños, jóvenes y vendedores ambulantes. Veremos también de la decadencia de Santurce, la destrucción del barrio de la 21 y la casi desaparición de la Plaza.

Vivimos en ciudades pero apenas las conocemos. Hemos aprendido a mirarlas desde la otra orilla, desde la distancia segura, a través de un lente empañado por el miedo a los ‘otros’, un lente tamizado por los prejuicios.

Este libro nos ofrece otro par de espejuelos, por así decirlo, otras herramientas para extender la mirada a la ciudad, en este caso Santurce, hacia y desde otras perspectivas. Nos ofrece la oportunidad de apreciar algunos paisajes urbanos desde la vivencia de algunos de los personajes que los construyeron en su accionar cotidiano. Edison Viera Calderón cuenta, o mejor aún, estimula a los protagonistas a contar historias, sus historias, muchas de ellas desde los espacios poco transitados, los que se sitúan detrás de las fachadas principales. Al hacerlo nos legan una riqueza de información viva de la ciudad habitada por ellos y desde ellos.

El libro de Edison no se limita a la tarea, valiosa de por sí, de recoger los cuentos de otros. Su labor no termina en la entrevista. La consulta de otras fuentes de información sirve para atajar las trampas de la memoria, llenar vacíos, poner datos en perspectiva. En el caso de Viera el trabajo incluyó, de manera complementaria la investigación de archivo, consultas a fuentes periodísticas y el registro de la propiedad, además del estudio de fotos. De esta manera establece un diálogo, también confrontación, entre lo contado y la historia escrita, documentada con los medios ya conocidos. No resulta extraño que en la interacción con el investigador los contadores de historias éstos aporten fotos y otros documentos sacados de su baúl de recuerdos para completar sus historias, enriqueciendo de esa manera sus textos.

La diversidad de miradas recopilados por el autor hace evidente que habitamos la ciudad de maneras múltiples. Nos recuerda que las ciudades nunca se pueden leer o habitar ni referirnos a ellas en singular sino en plural. Que aunque habitemos los mismos lugares nunca se hará de la misma manera. Siempre habrá algo personal y único, algo colectivo y único aunque se trate de los mismos espacios en el mismo momento. El coro de voces no describe una ciudad monolítica y diáfana sino todo lo contrario, una múltiple y llena de fisuras, complejidades y voces contradictorias, de intensidad y profundidad variable. Dice que en lugar de una historia de la ciudad tenemos que hablar de una ciudad de historias. Una ciudad de calles y avenidas, así como de callejones y laberintos, de lugares comunes y sorpresas, de espacios de poder apropiados por distintos grupos así como de espacios de subyugación. Espacios de dudas y certezas, de vidas vividas a su manera que encuentran inevitablemente sus formas de representación, a veces de forma permanente otras efímeras, en algún lugar de la ciudad. Al hablar de ciudad tenemos que hacer claro la ciudad de quién y de quiénes, así como las ciudades de cuándo y dónde.

Antes de terminar quiero subrayar dos aciertos que considero fundamentales de este libro. La utilización de Historia Oral como metodología de trabajo. Esta técnica, dice Viera Calderón en el prefacio, “… permite recuperar y escribir la historia desde abajo y de manera participativa…”. Esta metodología abre caminos para otros proyectos de investigación histórica, que como el de Viera complementan los hallazgos con otras fuentes.

En segundo lugar, esta publicación ofrece una materia prima muy rica, capaz de inspirar otras investigaciones, historias, relatos, ficciones y hasta sueños. En un país ávido de historias, metáforas y mitos esto resulta fundamental.

Edison, te reitero mis felicitaciones para ti por este libro, a José Luis Figueroa por el magnífico trabajo de edición y a todo el corillo que se encargó del diseño e ilustraciones. Ya espero otros trabajos tuyos que nos lleven a conocer otros espacios de esta ciudad que tanto amamos y sufrimos y de la que ambos somos ya hijos adoptivos.