El piso en el recuerdo

por

 ¡Se acabó el tiempo, vamos a empezar a recoger!” le dije a los estudiantes luego de felicitarlos por su buen desempeño esa tarde. Una de las participantes agarró la escoba y comenzó a barrer el picadillo de papeles en el suelo. Me detuve a mirarla y redescubrí aquel piso de cemento pulido color vino que tantas veces miré cuando niño. Cuando estaba aburrido, miraba las grietas del piso. Cuando necesitaba pensar en una contestación de un examen, miraba el piso. La semana que murió mi padre, lloré junto a mi maestra de arte mientras miraba sus zapatos negros besar el piso.

Autoretrato

No recuerdo el nombre de la maestra de arte. Era una señora bastante mayor. Tenía el pelo gris ondulado y los dientes separados y un poco brotados. Su salón, tenía en la pared unos murales de animales, entre ellos un león. Era fanática del arte azteca, y me mostraba los libros de arqueología con mucha emoción. A ella le debo mi pasión por el dibujo. Cuando se dio cuenta de mi talento, me regalaba libros, y me tenía una mesa al fondo del salón para que yo experimentara con otros materiales. Mi portafolio para entrar a la Central High, contenía casi todos los trabajos que hice en aquella mesa al fondo del salón.

No es fácil el trabajo. Recuerdo la mirada agotada y cansada de aquella maestra, tratando de sensibilizar sobre el arte a un grupo de estudiantes difíciles. Ahora estoy en su lugar, y puedo entender tantas cosas. Pienso que a pesar de su amargura, todavía en aquel momento, ella conservaba un deseo grande de poder influenciar de manera positiva a los estudiantes. Al menos a mí, me motivo mucho. Fue a través del arte que pude comenzar a canalizar todos mis dolores, entre ellos la pérdida de de mi padre, el rechazo y la soledad.

Hoy, miro al piso cuando los estudiantes están a punto de colmarme la paciencia, pienso en mi maestra de artes, respiro y me lanzo a conquistar los corazones de estos niños con más fuerza.

¡Gracias Maestra! donde quiera que estés.

*Cuarta de una serie de crónicas sobre la Escuela Pedro Goyco, el autor es artista y  acaba de publicar su primer libro: La Calma.