La Bomba

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Mis abuelos se mudaron a la calle Gertrudis en el 1950.  Después de la calle mía, la Gertrudis, estaba la calle Elena, conocida en mi grupo por la gran cuesta que tiene, perfecta para tirarse cuesta abajo en skateboards.  Después de la calle Elena estaba la calle Santa Ana que era la primera calle del nuevo vecindario de Ocean Park. Ocean Park fue el primer vecindario del Barrio Machuchal bautizado con un nombre anglosajón, aunque ya habían calles con nombres como Yardley, Atlantic, McLeary y otros. Ocean Park se construyó entre el 1930 y 1950. En el mapa del 1928, la única calle mas allá de la Gertrudis es la calle Elena, Ocean Park todavía no existía, pero ya para el 1956, cuando la junta de planificación dividió al Barrio Machuchal en sus sub-barrios, Ocean Park recibió su propio perímetro.

El área que se convertiría en Ocean Park era el centro de la Ciénaga de Machuchal. Y por lo tanto el área más pantanosa y más difícil donde construir. Probablemente razón por la cual fue la última región desarrollada. Y también la razón por la cual muchas de las casas tendrían problemas con sus cimientos debido al débil terreno. Algunas casas estaban hasta de lado, como la torre de Pisa.

También a causa del terreno, cada vez que llovía mucho, Ocean Park se inundaba.  Las inundaciones muchas veces llegaban hasta nuestra calle Gertrudis, pero no siempre. Esas inundaciones de mi niñez eran legendarias. El agua subía tanto que entraba en las casas y algunos vecinos sacaban balsas para ir de casa en casa. Un par de veces, corrimos en bicicleta por las inundadas calles, con el agua hasta los hombros y la bicicleta completa debajo del agua.

Para batallar las inundaciones, en los 1960, se construyó La Bomba. El trabajo de La Bomba era bombear el agua de sobrepaso y evitar que las calles se inundaran. La bomba en si, o sea la maquinaria que bombeaba el agua, estaba localizada en la calle Santa Ana, entre la Cacique y la McLeary en lo que es hoy en día el principal portón de entrada a Ocean Park.  Esta maquinaria recogía el agua de todo el vecindario y la pompeaba a través de una tubería que corría por debajo de la calle Santa Ana hasta la orilla del mar, donde salía de la arena como un gigantesco periscopio de tres o cuatro pies de diámetro. Por alguna razón que desconozco, el sistema no distinguía entre las aguas de lluvia que se recogían por las cunetas y las aguas negras de las casas, y todo eso salia mezclado por la boca de La Bomba a la orilla del mar como un gran vomito de mierda y agua.  Mas o menos cada media hora a una hora el tanque de La Bomba se llenaba y bombeaba su contenido al mar.  Un verdadero monstruo ecológico.

Después de salir, el vomito, una mancha negra y grasosa, se movía según la corriente hasta que desaparecía en las aguas del océano. Nosotros nadábamos en el mar hasta que veíamos que La Bomba salia, y entonces nos salíamos del agua y esperábamos a que la mancha pasara. Tan pronto pasaba, nos metíamos al agua otra vez, sin pensarlo un segundo.

Eso si, había letreros en la orilla que avisaban, “Peligro, agua contaminada, nade bajo su propio riesgo.” Pero esta era nuestra playa y nadie nos iba a prohibir nadar en ella, ademas los letreros no parecían muy en serio, estaban mohosos y doblados y parecían antiguos y expirados. Mientras tanto, La Bomba ofrecía horas de diversión. Nos desafiábamos unos a otros a quedarnos en el agua el mas tiempo posible, hasta que la mancha llegaba casi hasta nosotros.  A veces alguien se atrevía, en contra de toda lógica, a nadar hacia ella. Jugábamos a meter la cabeza en la boca de La Bomba cuando estaba dormitando, gritando obscenidades que volvían con un eco misterioso.  Pero en verdad eramos bastante gallinas, y al primer indicio de que había un mojón en la cercanía salíamos nadando del agua como campeones olímpicos.

Se podrán imaginar que la playa de Ocean Park no era la preferida de turistas y visitantes. Ademas de la bomba, la playa no era la mas acogedora. Entre la calle y la orilla del mar solo habían unos cuantos pies de arena. Y a veces, cuando la marea subía mucho, la olas se metían por la calle. Recuerdo ver el agua del mar bajando por mi calle. Por esta razón, los vecinos que tenían casas que miraban al mar, pusieron unas piedras grandisimas frente a sus casas para evitar que las olas dieran contra las paredes de las casas.

El mar en si, era oscuro y bravo, con muchas olas y fuerte marea. Era una playa perfecta para surfers, drogadictos, pervertidos que se masturbaban a la sombra de las palmas, parejas buscando un sitio callado para grajear, y para nosotros los niños del vecindario.

En el 1984, me fui a estudiar a los Estados Unidos, y cuando regresé el próximo verano, habían apagado a La Bomba. La boca, a la orilla del mar, quedaba como una reliquia de tiempos pasados. Entonces, lo mas increíble sucedió. La playa mágicamente se transformó. Puede que haya sido coincidencia, y no tengo ninguna prueba científica, pero es difícil no hacer una conexión entre el fin de La Bomba y la manera en que la playa cambió.  Casi de la noche a la mañana la orilla se alejó, y la playa creció, y el mar se aplacó y se tornó en un lindo azul. Quitaron los avisos de peligro y en un par de años teníamos una de las playas mas populares de la región.

Las multitudes de juventud que hasta entonces preferían la playa del Alambique o la playa de los Hobbies en Isla Verde, se trasladaron a la playa de Ocean Park. Y súbitamente nuestro vecindario se llenó de otro tipo de mojones. Noche y día, chamacos en jeeps pompeando música a todo volumen, volaban por las calles y estacionaban donde les diera la gana, traían neveritas llenas de cervezas y comida y dejaban la playa llena de basura. A veces hasta orinaban en los patios de los residentes, y mis abuelos tuvieron que esconder la manguera que siempre estaba en el patio del frente, pues en varias ocasiones encontraron a alguna persona en pelota, usando la manguera como ducha.

Ocean Park se convirtió en un vecindario donde las familias y abuelos que habían vivido ahí por décadas, eran insultadas en sus propias casas. Y no se les puede culpar por empezar a mudarse. Al poco tiempo del cambio, empezaron a irse familias y empezaron a cambiar las casas, sobre todo en las calles Gertrudis, Elena y Yardley que son las calles que terminan en la playa, y por lo tanto las que mas se usan para acceso a la playa. En esas calles, se empezaron a dividir las casas en apartamentos. Casas donde antes vivía una familia se convirtieron en casas donde se rentaban apartamentos a tres o mas jóvenes playeros solteros. Los patios de grama y flores se convirtieron en estacionamientos de cemento para los inquilinos, y poco a poco se transformaron las calles.

Para menguar el trafico de carros hacia la playa y el problema de estacionamiento en los fines de semana, se cerraron las calles de entrada al vecindario. La vieja maquinaria de La Bomba en la calle Santa Ana se convirtió en el portón de entrada al vecindario. Pero como en Puerto Rico hay una buena ley que prohíbe que se bloquee el acceso a las playas, los portones había que mantenerlos abiertos.  Al entrar un guardia te preguntaba si eras visitante o residente, pero igual te dejaban entrar no importa lo que contestaras.

El vecindario parecía que iba en una deterioro imparable. Habían casas abandonadas, otras en varios estados de abandono.  Varios años antes, cuando yo todavía estaba en escuela superior, Padre Tomas, el padre consejero de la Academia Santa Teresita, me comentó un día que el vecindario estaba en decaída pero que eso era natural.  El me explicó que los vecindarios pasaban por ciclos. Los dueños de casas envejecían y al morir los hijos volvían a vivir en ellas y el vecindario se rejuvenecía.  Ocean Park estaba en la parte del ciclo donde los dueños estaban envejeciendo y los hijos vivían en otros vecindarios. El me dijo que en cualquier momento empezarían a volver los hijos y entonces el barrio re-surgiría con nueva vida.

Estuvo parcialmente en lo correcto. Algunos hijos volvieron al vecindario, pero la mayoría de la nueva generación no eran del barrio sino los que vinieron buscando fiesta y se quedaron y formaron una nueva comunidad. Poco a poco los nuevos inquilinos empezaron a ver al barrio no como un lugar temporero donde fiestar, sino como su propio barrio. Nuevos negocios empezaron a surgir en el área, comida vegetariana, yoga en la playa, tiendas de ropa. Hasta la boca de La Bomba, de la cual ya solo se veía la parte mas superior saliendo de la arena a muchos pies de la orilla, fue decorada con lindos mosaicos. Ahora se encuentra un ambiente de comunidad y creatividad que se ha esparcido por todo el Barrio Machuchal con mercados, festivales de cine al aire libre, música, giras históricas, y mucho mas.   Una nueva generación adoptó mi barrio y le dio una vida que hoy esta en la flor de una nueva primavera. Para un viejo expatriado del Barrio Machuchal, como lo soy yo, esto me da mucha alegría.

*La foto es de José Charrón. Esta historia fue publicada originalmente en el blog del autor, Roberto Cofresí: Cuentos del Barrio Machuchal

  • Jose Latorre

    Interesante recuento. Vivi en la calle Elena, precisamente en una de esas casas modificadas en apartamentos justo antes de mudarme a NYC en el 1969, despues de haber nacido en la calle Aponte y criado en la Pesante, todas ubicadas en el barrio Machuchal. Sobre la bomba: era inevitable el que se mezclara el exceso de agua de lluvia con las aguas negras pues el acantarillado ineficiente y sobrecargado, estando a la superficie de los pozos septicos, los cuales las casas tenian para la filtracion de los desperdicios, eran invadidos por el agua de lluvia provocando la flotacion de los desperdicios solidos desde el fondo, que hubieran sido asimilados por los pozos sin la invasion del agua de lluvia. Estos pozos sepitcos tenian que ser limp[iados periodicamente de los desperdicios y al no hacerlo, la lluvia se encargaba de hacerlo…Supongo que el asunto se habra mejorado con la creacion de mejores alcantarillados subterraneos y el eficiente mantenimiento de los pozos septicos. Otro factor era, que la infraestructura para la eliminacion de los desperdicios referentes, no fuera modificada a tono con las casas modificadas para mas residentes.

  • Leonardo Gomez

    Me agradó sobremanera leer anécdotas de mi viejo barrio. Viví en Elena 20 (esquina Cacique) por 14 años. Aunque hace mucho que no visito mi barrio, siempre me trae los mas gratos recuerdos: los días de playa, las largas carreras en la arena, surfear, bucear para ir a “figar” (pescar con arpón), mis primeras desventuras de amor, en fin, todos aquellos elementos del desarrollo de un adolescente privilegiado en los años 60. Eramos pobres pero muy ricos por haber crecido en el barrio de Ocean Park.  Eramos de “los blanquitos” y no lo sabíamos, pues me dediqué a trabajar desde joven con la repartición del periódico El Mundo (ya difunto) y cualquier otra cosa que me pudiera brindar ingresos. Aún tenía tiempo para asistir a la Academia San Jorge y hacer mis tareas casi todos los días, con la gran tentación de escaparme a la playa cada vez que pudiera.
    Gracias Roberto Cofresí por esta anécdota tan amena.

  • Luis Amadeo

    Este articulo me trae muchos recuerdos. Yo empecé mi escuela superior en una pequeña escuela Montesori al final de la Santa Ana llamada Las Nereidas. Todo el que me preguntaba cuando les decía que estudiaba en las Neridas me decían: Que en el restaurant? Pero me distraigo. Esto fue para el 1974. La escuela estaba al final de la calle y todavía recuerdo ese olorcito que permeaba de vez en cuando (mas de vez que de cuando). Muchas veces cuando salíamos con la maestra a dar una vuelta y estudiar en la playa, la bomba era la “campana” para sacar nuestros pañuelos y regresar al salon. Dos años después, a resultado de que las Nereidas cerró, me moví con mi amigo Gary Illariucci a Santa Teresita. Ya empezaba Ocean Park a llenarse de cocolos y rocolos y el resto es la historia que ya leyeron. Muchos años felices con buena gente y amigos. Gracias por el recuerdo.

    • Roberto Cofresí

      Tambien habia una escuelita Las Nereidas en la McLeary entre Atlantic y Pacific.  Estarian relacionadas?  eso seria esa misma epoca (mediados 70).  Y yo fue a la escuela con varios illaruci en Sta Teresita… pequeño mundo.

      • Luis Amadeo

        Si, era la escuela elemental de las Neridas. Pequeño mundo es nuestro Puerto Rico.

  • Ricardo Martí
    • Roberto Cofresí

      que bien!  gracias!

  • Morgan Isaac

    Me encanto!

  • Denise Saldaña

    Yo crecí en Ocean Park también. En la calle Italia. Mis padres compraron la casa en 1955! La acabamos de vender hace 3 años! Caminaba la playa todas las tardes después del colegio hasta la Concha donde me metía a nadar en la piscina. Aprendí a nadar sin siquiera saber que había que aprender algo.
    Gracias por la conversación.