La calle Loíza

El recorrido histórico de la calle Loíza comenzó en la primera fiesta del barrio en el 2013. Lester Nurse Allende vive en la calle Jefferson. Le hicimos el acercamiento para que, como parte de la Fiesta, dirigiera un recorrido de la zona empezando en la esquina de la avenida de Diego, donde mismo comienza la calle Loíza que llega hasta la calle Júpiter y se convierte de ahí en adelante en la avenida Isla Verde que, en efecto, llega hasta Loíza.

Los visitantes caminarían desde la De Diego hasta la calle Calma, ahora Ismael Rivera, para visitar la casa del Sonero Mayor. Una casa típica cangrejera de estos tiempos hecha en cemento, con arcos en el balcón, rejas y una torta flat por techo. La casa tiene un palo de panas en el patio. Hasta allá llegaron cerca de 300 personas que hicieron aquel primer recorrido guiados por Lester, un negro cangrejero de la legendaria familia Allende por parte de madre y de los Nurse que llegaron de Barbados por parte de padre. Los isleños negros de las Antillas menores y otros lares son una parte fundamental de la población cangrejera que sigue expandiéndose más recientemente con grandes olas de inmigrantes dominicanos y de otros países –Santurce es el barrio más diverso de Puerto Rico-. Lester es profesor, historiador y estudioso de la historia y la cultura de San Mateo de Cangrejos, primer pueblo fundado por personas de la raza negra en 1760. “Cuando Pedro Cortijo, capitán de las milicias de los morenos de Cangrejos, y 55 negros del sector le escriben a los reyes de España pidiendo que convirtiera a San Mateo de Cangrejos en un pueblo y en 1773 se les concede”, explica desde un sillón en su balcón donde entra la brisa caliente que no es suficiente para combatir el calor de una tarde en Cangrejos.

Lester invitó a Orvil Miller a acompañarlo en aquel primer recorrido histórico y fue muy insistente en la relevancia de su inclusión. Nosotras, las que estábamos organizando la Fiesta, vecinas todas del sector, estábamos confiadas en el junte y no queríamos muchas explicaciones.

recorridolesteryorvilOrvil Miller es de la calle Rosario, a pasos de la Loíza. Es actor y estudioso de la historia del barrio en el que creció jugando con sus primos, los Charrón de la Jefferson, en la calle Loíza. En ese primer recorrido no había un megáfono, ni una bocinita. Nos habíamos hecho de la idea de que a la Fiesta vendrían 500 personas y al recorrido 10. Pero por ahí iban, entre el gentío, como el flautista de Hamelín encantando a cientos de visitantes que con las tennis puestas y botellas de agua en la mano los perseguían calle abajo.

La calle Loíza tenía tres teatros que también eran cines. Tenía tiendas de todo tipo y restaurantes. A esta calle venían a comprar de toda la Isla y de islas vecinas. En los callejones se tocaba bomba y se jugaba a los topos. La Loíza era la ruta que llevaba de San Juan a Loíza. Por la calle principal, que fue de tierra hasta el 1943, pasaba el trolley y por esta zona estaba también el taller donde se arreglaban esas máquinas, “que no debe confundirse con Trastalleres”, enfatiza Orvil mientras apunta con el dedo desde la calle del Parque hacia la playa. A ese pedazo –la zona entre la avenida De Diego y la calle del Parque- los locales le llamaban, y los más viejos aún le llaman, la 44, porque era la parada número 44 del trolley.

DELPARQUELa Loíza era un camino poblado de estructuras, inicialmente de madera, que fungían como casa o negocio o ambos. En esta calle convergían diversas clases sociales, una especie de frontera entre el Santurce tradicional –negro y obrero- y un nuevo Santurce –blanco y pudiente- que culminó en la creación de Ocean Park y lo que ahora es Condado.

Antes lo que había más allá de la Loíza era playa, un gran espacio abierto hacia el mar le servía de patio trasero a los habitantes del barrio Machuchal. Lester recuerda que en la zona donde está ahora el Parque del Indio era a donde iba la juventud a divertirse. Y que durante su juventud todavía habían cangrejos –“que no es lo mismo que jueyes”, insiste, por todas partes.

El sector cambió con la ciudad y con el País, se tranformaron sus estructuras y la gente que le habita. Sufrió los embates de un proceso de aburguesamiento abortado por la ruptura de la burbuja inmobiliaria. Apartamentos vacíos, edificios abandonados y algunos hasta a medio hacer son parte del paisaje del sector. A pesar de todos esos cambios mucha gente coincide en que la zona de la calle Loíza sigue siendo bastante parecida a lo que era. “José Luis González decía que: “la Loíza es la más caribeña de las calles”, según recuerda Orvil.

En estas calles creció el intelectual José Ferrer Canales, vivieron por mucho tiempo la licenciada Nilita Vientós y la poeta Clara Lair, es el barrio de Ismael Rivera, el Sonero Mayor, aquí tuvo su casa Rafael Carrión Pacheco y en ese mismo terreno, donde ahora están el Burger King y el Church’s se estableció el primer Banco Popular rodante del País. El barrio es un espacio musical y creativo y eso no es de ahora ni empezó con la invasión de los hipsters.

Ivelisse RiveraLa calle Loíza es un punto de encuentro o de choque podría ser, de la gente de Condado y de Llorens, de Ocean Park y de la Calma, de Machuchal entero y el resto de Santurce. Antes de la construcción de la avenida Baldorioty de Castro, que se inauguró en el 1961, las calles eran larguísimas, la Taft, la Aponte, la Diez de Andino todas conservan su continuación o su remanente al otro lado de la Baldorioty. Antes de la construcción del expreso la comunidad no tenía límites definitivos y era un solo barrio. Aunque todos sabían donde vivía quien como explicó Ivelisse Rivera, la hermana de Maelo: “De la Loíza pa allá estaban los blanquitos y de la Loíza pa acá los negritos que iban a limpiarle las casas”.

Pero la historia de los cangrejeros de Machuchal evade los estereotipos y reta las asunciones facilonas, la amistad de Lester y Orvil, provenientes de realidades raciales y sociales distintas no es una excepeción. Así son Neco y Sammy, Iliana y Bradford, Marcelo y Awilda. Gente de por aquí.Velcro, nuestro DJ residente.El recorrido histórico de la calle Loíza ahora se hace un sábado al mes. Allí se habla de los edificios, los arquitectos que los diseñaron y los maestros albañiles que estuvieron a cargo de la obra. Se habla de las tiendas y los inmigrantes libaneses, cubanos o dominicanos que las fundaron, los borciuas cangrejeros o de tierra adentro que establecieron sus negocios, sus familias y sus vidas aquí. La gente de este barrio. Así lo describe el hiphoper Andrés Ramos aka Velcro, otro hijo de la Loíza, lo dijo como parte de una entrevista que le hicieron los jóvenes de la comunidad en un campamento taller de verano que organizó la vecina y actriz Iliana García. “Aquí todo el mundo se conoce, hay un sentido de comunidad, pero nadie está en tu business. Mi comunidad es urbana, cambiante, fluida y linda”.

*Esta sección es posible gracias al apoyo del Instituto de Cultura Puertorriqueña y el National Endowment for the Arts.

  • ¡Muy interesante, me encanta!