La perse del chikun

por

Ya nada es como antes. A veces veo con el rabo del ojo una partícula flotando en el aire y me friqueo. Suelto lo que estoy haciendo y voy corriendo a buscar la raqueta que electrocuta para defenderme del mosquito imaginario. Es una lucha por la vida, todo el tiempo. Ya a mi me dio y a mi marido también, se supone que esté relajada pero no: tengo un bebé de diez meses. Mis destrezas maternales consisten en implementar todas las técnicas posibles para que no lo piquen: bañarlo en citronela, ponerle pantalón largo, ponerle escrines a las ventanas, mosquitero a la cuna, ponerle un abanico en la cara, estar como una psicópata al lado del con la raqueta en la mano. De nada me sirven mis lecturas sobre el desarrollo infantil temprano: que si le lea, que si le hable, a menos que escucharme maldecir a los mosquitos y amenazarlos de muerte veinte veces al día cuente como conversación, estoy bien atrás. Pero hasta ahora chikungunya no le ha dado.

Las cifras son alarmantes. Antes de que el resto del país entrara en pánico ya aquí en la Loíza andábamos cubiertos y cautelosos debajo de este sol del demonio. Somos el epicentro. Según el Departamento de Salud hay 8,036 presuntos casos, aunque confiesan ellos mismos en la página que están atrasados, y San Juan sigue siendo el municipio con más casos, estamos ganando.

Ya paré de contar los vecinos que les ha dado y hace rato que pasó la primera crisis de malagueta de la Loíza: no había en Supermax, ni en la Americana, ni el carrito de frutas de la Pomarrosa. Estábamos fritos. Lo que sí hay son montones de recetas para espantar los mosquitos. Yo le hice caso a todas, por si acaso, picar limones por la mitad, espetarle clavos de especies y ponerlo por las esquinas, hervir clavos y esparcir el humo por toda la casa cual monaguillo en misa de domingo, poner plantas repelentes en la casa y el balcón, también.

Ahora todo ha cambiado. Hay que ponerse repelente antes de salir a la esquina. El barrio entero huele a citronela. Hablamos de los achaques y las dolamas hasta con desconocidos en la fila de la Farmacia Mercier. A veces le echo jabón a alguno de los cuchucientos contadores de agua sin tapa que hay por todo el vecindario. Le vacío los tiestos a los vecinos. Los que ya lo sobrevivieron andan por ahí, flacos y victoriosos. Mima escribió una canción que iba a hacer con el corillo de Viento de Agua en la Fiesta de la calle Loíza, pero el cambio de fecha nos aguó el junte. El tema existe, tiene coreografía y todo. A lo mejor se puede hacer el año que viene con las camisetas de “Yo sobreviví el chikunguya”.

Recuerde no tener envases con agua emposada en su casa y los alrededores, gracias.