La ruta de la moda

Gracias por venir, estamos a la orden”, le dice Vanessa Hernández Ladicani a Nono Maldonado. El diseñador va saliendo de la tienda de Vanessa en el 1903 de la calle Loíza. Ladicani se especializa en licra y telas elásticas. Está en la calle Loíza desde hace más de treinta años. “Aquí vienen diseñadores, costureras y gente de todas partes de la isla”, explica la empresaria, que pertenece a la segunda generación de los Ladicani que originalmente se establecieron en la Loíza vía La Habana y que también eran vecinos del barrio.
Telas de Ladicani, foto de Dennis Rivera Pichardo.Este sector ha sido punto focal de la moda del país desde que se estableció en la esquina de la calle Taft la diseñadora Carlota Alfaro hace 45 años. Su edificio color de rosa es un ícono de la Loíza. La propiedad, que la modista adquirió por $180,0000, tiene cuatro pisos enormes que albergan una tienda, escuela de costura y su atelier que emplea a 15 personas. Por allí han pasado cerca de 30,000 estudiantes en las últimas décadas –según estimados de la modista- y en su atelier se han entrenado algunos de los diseñadores más reconocidos de nuestros tiempos incluyendo a Harry Robles que tiene su espacio justo al lado del edificio de Alfaro.

La calle la comparten con el diseñador José Raúl que ocupa uno de los espacios de lo que antes era la famosa tienda Sterling House en la esquina de la Diez de Andino. Noé Amador, una diseñadora joven lleva varios años en el vecindario al que se han sumado también otros grupos creativos como la marca Noxiouz.
Las tiendas de ropa son parte del ofrecimiento de la Loíza. Ninfas, una institución de la venta de ropa al detal en la calle, cerró sus puertas este año después de más de tres décadas de operaciones en la esquina de la calle Las Palomas. Pero así han llegado establecimientos nuevos como las tiendas de ropa vintage: LenTjuela, Electroshock y Pop the Pop Up. Y otras tiendas de ropa como Kembali y Bad Fashion for Bad People. La presencia de la moda en el sector ha sido constante. “Era el centro de la moda por virtud de que era a donde venían a comprar las telas, a Infanzón”, dice Orvil Miller, historiador aficionado que ha estudiado el sector y es uno de los guías del recorrido histórico mensual de la calle Loíza. “En todas las casas había máquinas de coser”.

Almacenes Infanzón era uno de los establecimientos emblemáticos de la calle Loíza. Una tienda de telas perteneciente a una familia libanesa. Estaba en la esquina de la calle Loíza y la Cordero. La gran variedad de telas que tenían los convertía en una parada obligada para costureras y diseñadoras.

“Puerto Rico es el país ideal para la alta costura”, dice Carlota Alfaro, “se hacen trajes para una sola ocasión: concursos, senior prom, galas, bodas”. Sus creaciones se han vendido en cientos de tiendas alrededor del mundo. La diseñadora asegura que a pesar de la merma en ofertas de materia prima para sus creaciones sigue haciendo un esfuerzo por comprar en los telares puertorriqueños. En la calle Loíza solo queda Ladicani en el mismo espacio donde antes ubicaban los Almacenes Pi. “Mucha gente adinerada caminaba por la Loíza, incluyendo las clientas de Carlota Alfaro”, recuerda Lester Nurse Allende, historiador y vecino del barrio. Nurse se ha especializado en el estudio de Santurce y de los afrodescendientes. Señala que la población original del sector era de negros libres, fundadores de San Mateo de Cangrejos, nombre original de Santurce. Y que la moda de esos pobladores originales y sus descendientes siempre fue “muy elegante”. Nos muestra fotos antiguas de sus padres, tíos y otros antepasados con ropa hecha a mano en estilos que responden a la moda de la época.
Harry Robles, foto de José Madera.Harry Robles recuerda que en los ochenta, cuando trabajaba en el atelier de Carlota Alfaro, habían más de veinte bordadoras a mano que trabajaban allí y que ahora solo quedan tres. La manera de coser ha cambiado y la mano de obra diestra ha mermado. Robles emplea a ocho personas en su taller que lleva 18 años establecido en la calle Loíza. El diseñador es famoso por sus creaciones para reinas de belleza. El traje que usó la Miss Puerto Rico 2013, Monic Pérez, es uno de muchos que ha hecho Robles para los concursos de belleza. Allí, en la pequeña vitrina justo después de los abogados Miranda y Roqué y antes del griego, estaba puesto sobre un maniquí el traje amarillo hecho en la calle Loíza.

El despliegue diverso de estilos en la calle es diario. La variedad de estilos es prueba de que la Loíza sigue siendo un lugar de convergencia. El ancla de la moda de la calle y tal vez del País, sigue en el edificio rosa de la esquina de la Taft.