Las caras de la Loíza

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Santurce tiene tres largas vías paralelas donde la vida pública más activa se desenvuelve y donde exhibe sus caras más importantes. Por la Ponce de León, la Fernández Juncos y la Loíza circula el tráfico pesado que luego se distribuye por calles más pequeñas de actividad local o comunitaria. A lo largo de sus bordes se probaron y mostraron los estilos, modas y propuestas  arquitectónicas que luego encontraron acogida en las calles interiores de los barrios residenciales que se desarrollaron en torno a estas. Santurce sería solo un lugar de paso si sus caras no nos detuvieran, no nos halaran con hilos sutiles e imprevisibles, no nos obligaran a mirar. La ciudad cangrejera se hace memorable por los gestos que hacen sus edificios hacia los espacios públicos, por  sus fachadas. No solo por lo llamativo de algunas sino y más aún por la suma, por el escenario que conforman todas ellas colocadas unas al lado de las otras.

La ciudad, más que sus edificios individuales es la suma de estos, es la manera como al juntarse forman una totalidad. Esto no significa que no haya solistas importantes como son el teatro Metro, el edificio del Departamento de Agricultura, la Autoridad de Comunicaciones y las escuelas Superior Central y Labra, que tomadas de manera aislada se destacan por su belleza extraordinaria (nótese que a diferencia de los centros urbanos tradicionales aquí en Santurce los edificios que se destacan no son las iglesias, ni la alcaldía como en las ciudades tradicionales, sino los cines, los espacios de ocio, los edificios comerciales y algunos edificios públicos). No obstante esa belleza, sin la presencia de los otros edificios, los no emblemáticos, los de escala cotidiana, los de otra carga simbólica, los a veces sin estilo reconocido, los que responden a otra estética,  como apoyo y acompañante para activar los vacíos, la ciudad sería un lugar incompleto. Puesto de otra manera, la calle es un coro cuyos solistas se crecen por el apoyo de las voces del conjunto. La ciudad cangrejera, como muchas de nuestras ciudades producto de la modernidad son el resultado de las mezclas, los mestizajes, la yuxtaposición, las variaciones en torno a un estilo como el art-decó y el modernista, criollo, neoclásico y moderne, además del revival español, por decir algunos.

Teatro Francisco Arriví en la Ponce de León.

Cada una de las tres vías sigue ese patrón mestizo pero de manera distinta. Para este artículo quiero detenerme para mirar hacia la calle, o para llamarla por su nombre de pila, el Camino de Loíza, eje fundamental y cordón umbilical para el desarrollo de asentamientos afroboricuas como Piñones y Loíza. A partir de la Loíza se construyeron otras dos calles paralelas, llamadas avenidas tal vez por su anchura, la Eduardo Conde y la Borinquen. A su vez estas se conectan como tributarias con la avenida Ponce de León. Desde esos ejes, a manera de racimos, se desprenden barrios como Villa Palmeras, Mira Palmeras, Barrio Obrero , Miraflores y los barrios del Caño, entre otros, constituyendo una península primordialmente proletaria mezclada con un pequeño sector clasemediero. Por ahí vivió una vez, hace casi 100 años, el arquitecto Antonin Nechodoma famoso por el diseño de algunas casonas importantes de El Condado y Miramar.

Al caminar por la Loíza uno se encuentra de frente o por accidente con una variedad de gestos arquitectónicos, estilos y referencias cercanas y distantes que evolucionaron en la creación de otros gestos y expresiones. Predominan  allí el juego de líneas y detalles producto de la imaginación fructífera de artesanos y maestros de obra, con la ayuda tal vez de algunos ingenieros y arquitectos. Esa imaginación cultivada por la mirada aguda, las referencias estilísticas, el aprendizaje directo en la construcción y la creatividad sirvió de fundamento para la creación de los balcones en los barrios cercanos. Los edificios y sus autores aprenden unos de otros, se transforman con la compañía de los otros. Pocos mantienen fidelidad absoluta a los preceptos estilísticos de ningún estilo. Ejemplos de lo anterior son los edificios modernistas de columnas cilíndricas y celosías ‘brise soleil’ asociadas a la obra del Maestro del modernismo Le Corbuisier y la escuela Dr. Pedro G. Goyco que sigue con gracia los fundamentos del neoclásico.

Al moverse por las superficies movedizas de las aceras uno ve muchas cosas pero poca gente. En esto, como en Río Piedras y gran parte de las otras avenidas de Santurce la presencia dominicana resulta fundamental, mantienen la ciudad viva. Por eso no es de extrañar la bachata saliendo por las puertas de los negocios, por las ventanas de los carros a veces en volandas y otras despacio como para impregnar las paredes y la vida de la calle de la música patria, tarea que asumen con dedicación absoluta.

Predomina en sus fachadas un estilo propio a partir de la diversidad y de una armonía que tiene que ver más con la escala, es decir con la proporción de las alturas y anchos de los edificios, con la presencia de elementos comunes  como los balcones, la combinación de detalles y la cercanía a la acera  que con la repetición de las formas. Aun lo francamente feo adquiere gracia por la cercanía a otros, por su pertenencia al conjunto. En la invención de la Loíza hay una búsqueda de lo extraordinario en lo común, un intento de superar lo meramente funcional, un deseo de ser calle principal.

Loíza y Diez de Andino.

Me detengo en cualquier lugar. Allá veo un edificio plano sin estilo y otro con pretensiones del ‘Spanish Revival’, más allá se acerca otro  con alusiones art-decó y hacia el frente me topo con los detalles neoclásicos de una fachada que por lo demás no sigue ningún patrón estilístico conocido. Más acá la vista enfoca en un ejemplar de arquitectura criolla urbana. Todos con vida comercial en la planta baja y viviendas en la parte alta. Dentro de su precariedad concentran sus esfuerzos en la parte más pública, la que más se ve, relegando la parte superior a gestos menores. Sin duda la calle se hace más caminable por la manera como los edificios pegados a la acera, con sus puertas abiertas como fauces, reciben al peatón. Con la llegada de nuevos edificios que no obstante su ubicación urbana insisten en separarse drásticamente de la calle para acomodar el carro y colocarlo de manera reverente como fachada principal se ha comenzado a alterar de manera evidente esa relación entre espacio público y espacio interior, entre la gente y los edificios.

La arquitectura muchas veces ingenua de las caras de la Loíza ha perdido su riqueza expresiva por la manera a veces violenta como se le ha impuesto otra fachada, superficial, de rótulos demasiado grandes y superficies pegadas, pensadas con el único propósito de atraer las miradas hacia el interior. Las viejas fachadas de la Loíza son continuamente escondidas, tapiadas, sumergidas detrás de las máquinas de aire acondicionado. Los detalles de las barandas, molduras, relieves y medallones quedan sepultados detrás de gestos para llamar la atención de otra manera. Las fachadas se convierten en otra cosa, en la suma de la partes, en la exaltación de lo efímero y lo transitorio. Son expresiones del consumo pensadas para ampliar la capacidad de devorar la mercancía con los ojos. Un panel caído permite apreciar los rostros escondidos, las glorias pasadas, los detalles eclécticos, los intentos de buscar belleza en las fachadas de los edificios que una vez fueron otra cosa.

La Farmacia Americana, un ícono de la Loíza.

La calle Loíza es también un lugar de mellas, de vacíos, de ‘rastros de nostalgia‘, de edificios vivos que se codean con otros moribundos, de edificios que han envejecido con gracia junto a otros afeados por el descuido y la incapacidad de asimilar cambios de uso, cambios de gusto.

¿Qué le depara a la Loíza como eje urbano principal? ¿Languidecerá como el Paseo De Diego de Río Piedras? ¿Desaparecerá como espacio comercial? ¿Se reanimará? ¿Encontrará nuevos usos que la revitalicen como espacio público para la gente? ¿Se convertirá en otra cosa, en otro vecindario, en una extensión de Ocean Park o del edificio donde ubica Under the Trees si el mercado inmobiliario vuelve algún día a despuntar?  Podría ser. Depende de la comunidad y del mercado. Lo que sí es cierto, por el momento, es que mientras haya habitantes dominicanos, y otros puertorriqueños también, que la caminen, la usen, la necesiten y la inunden de bachata y gestos, el viejo camino de Loíza, estará aleteando con vida, con la vida que sea necesaria y encuentre posible.