Las fieles de Harry Robles

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¿Cuánto es?” “Mil doscientos”, le responde Joel a la señora.

 

En un conjunto de hilo blanco y sin rozar las uñas saca con delicadeza varios billetes de $100 de su cartera y los coloca encima del mostrador del atelier. “Te traigo los otros mil mañana”. Sin mucha palabra concluyó por aquel día la cita y se retiró.  Aún recuerdo claramente esta escena en ese espacio de la calle Loíza. Acudí, hace un tiempo, a hacer una entrevista.

 

Por allí desfilan decenas de mujeres  en procesión hacia el taller de un artista cuyas obras consideran dignas de devoción, Harry Robles.  Diseñador de modas, pero con nombre de mago que ha hechizado a una nutrida clientela femenina por más de dos décadas, incluso por varias generaciones.  Creen  con fervor  en su trabajo y le profesan gran fidelidad.

 

Confían con certeza que el talento histriónico de este diseñador producirá una sublime pieza de arte, sin importar el dinero ni el tiempo que conlleve. Su creatividad, gusto exquisito y elaborados procesos de confección lo han posicionado como uno de los diseñadores de alta costura más destacados de la Isla.

“Estos vestidos de él, en mi casa se tratan como lo que son, obras de arte, para toda la vida.  Yo me puedo poner uno de hace tres años y no me siento que estoy pasada de moda. Es ropa clásica y moderna a la vez”, explica Jocelyn Lamas, quien lleva 10 años como clienta.

 

En su hogar estas piezas son custodiadas como tal, en un armario especial donde habitan los más de cuarenta trajes cortos, largos y de todo tipo. Aunque no es el único lugar donde el talento de Harry habita. Decenas de imágenes de ellas en eventos, portadas y reportajes de revistas cubren en un pasillo, la “pared frívola”, como le ha llamado la mujer, de 48 años, y su hija mayor Gabriela.

 

Desde graduaciones, quinceañeros, bodas, cocteles, galas, no hay evento que las Lamas no acudan al mágico armario de los ‘harricitos’, los cuales se comparten y repiten según la ocasión. Por esto, la compra de estos trajes representa para ellas una inversión duradera.

 

¨Momento especial, momento que tengo que estar vestida de Harry, desde que Harry entro en nuestras vidas no hay foto que Harry no salga o un traje¨, expresa Gabriela Lamas, de 22 años.

 

Su pasión por el diseñador ha inspirado a Gabriela a continuar estudios de mercadeo de modas, con especialidad en marcas de lujo. Su hermana de 18 años, Cecilia, se encuentra estudiando en Estados Unidos pero eso no la exime de la promesa de su madre de regalarles un traje por desfile o que pida alguno cuando lo necesite.

 

El último desfile de Harry se celebró el pasado 10 de noviembre, en el Hotel San Juan. Tras culminado el evento, sus seguidoras se apresuraron a pasar atrás no tan solo para felicitarlo, sino para escoger sus trajes los cuales pueden comenzar desde $750 dólares los cortos y $4 mil los largos.

 

Sin embargo, los de las Lamas ya estaban reservados pues Jocelyn se haba encargado de dejarle saber al diseñador sus piezas favoritas por mensajes de texto.  Las fechas de los desfiles son tan sagradas para ella que de la única forma que faltaría fuera por una grave enfermedad o evento atmosférico. “Yo no le puedo fallar”, dice.

 

Gabriela explica que su madre la inició con champagne y un “harricito” a los 15 años para la sesión de fotos de su ‘junior prom’. Así muchas otras clientas han bautizado en el al altar del diseñador a través de sus madres o abuelas.  Entre sus clientas rezan nombres como la primera dama Luce Vela, Miriam Ramírez de Arellano, las reinas de belleza y

 

“El grupo de Harry Robles es bien selecto, en el sentido que son mujeres fieles a él y no todo el mundo lo es. Somos clientas de toda la vida.  Son en su mayoría mujeres elegantes, finas, trabajadoras, buenas personas, de buen gusto y de las mejores vestidas de Puerto Rico, son o han sido clientas de Harry, sabemos quienes somos”, describe Jocelyn al grupo de clientas más cercano a él.

 

Por su lado, Marybeth González, destaca la gran creatividad de Harry para elaborar con su talento “algo maravilloso y fabuloso” partiendo de solo una pequeña idea del cliente.

 

La mujer, de 60 años, comenzó a vestir de Harry hace dos décadas cuando lo conoció a través de su madre. Hoy, su hija forma parte también de esas “tres generaciones”.

 

“Considero que Harry es el mejor diseñador de ropa de mujer en Puerto Rico de todos los tiempos. Puerto Rico nunca ha tenido un diseñador como Harry. A la altura como él, creo que nunca lo ha habido”, confiesa González seguidora de la moda parisina y neoyorquina.

 

Entiende que su trabajo esta a la altura de diseñadores internacionales lo que corrobora  en sus frecuentes viajes. “Tu ves su ropa y después no te quiere comprar mas nada, nada te inspira. Esa es la diferencia, él se enfoca en ti y trata que tu luzcas bien”, añadió.

 

Esta sensación es compartida por las entrevistadas, las cuales destacan ese intenso esmero del modisto por atender sus necesidades individualmente y elaborar piezas enfocadas en sus personalidades.

 

La fidelidad hacia él, según González, estriba en que “una vez te coses con Harry no puedes ir con más nadie. Tienes consistencia. Eso es lo que pasa Harry es demasiado superior, tu ves la culminación, el entalle el corte, nadie lo puede hacer como él”.

 

Como muchas llegan por referencia de amigas, Jocelyn conoció el trabajo del modisto a través de Myrty Dubón.  Esta, a su vez, lo conoció cuando su madre vestía de Carlota Alfaro, cuyo taller fue el primer espacio de trabajo de Harry.

 

Hace más de 15 años fue seleccionada para las mejores vestidas del San Juan Start y decidió probar a Harry y desde entonces entiende que ha tomado “la mejor decisión”. Me sentía cómoda, me veía bien. Llegue a lo que yo quería. Nunca me ha fallado”, explicó Dubón.

 

Al igual que Lamas no teme en repetir las piezas, incluso aún conservaba un traje de la primera comunión de su hija que vistió recientemente. “Él me dijo que no creía que todavía lo tuviera. Su ropa es eterna, es una ropa a destiempo. Siempre esta in, por eso no puedes salir de ella”.

 

Para sus seguidoras, el talento no es el único motivo de la adoración hacia su figura sino sus cualidades de ser humano, así como su responsabilidad. “Es una persona tan sencilla tan humilde no esta con estos aires de grandeza. Eso mismo su humildad y creatividad es lo que la gente lo quiere tanto”, explica Dubón. La mujer, de 49 años, destaca el gran perfeccionismo y complacencia del Harry, quien no la deja salir si el mismo sabe “que no está 100 por ciento perfecto”.

 

Jocelyn, gerente de ventas del canal PRTV, coincide con las otras clientas que la clave del éxito de Harry, tiene nombre, Joel Rosa. “El lleva la parte administrativa, lleva el negocio al chavo. Es encantador. Me hace sentir que soy una clienta especial a mí y a mis hijas. Yo necesito tal cosa, aunque sea un día antes, y está listo”.

 

Marybeth explica que Joel “es bien importante en todo esto, corre esto a la perfección, tiene un gusto exquisito. Los dos se complementan. Él es muy importante”. Por su parte, Dubón resalta que él trata todos los trajes como obras de arte y se “esmera porque queden perfectos”.

 

Las Lamas, Dubón y González se proclaman no tan solo devotas de su talento, sino sus amigas.

 

“Las fieles clientas de Harry son sus amigas, esa es la diferencia.  Él se deja querer muchísimo, les abre su corazón, es más allá de un desfile”, describe Jocelyn, quien ha compartido con él en cenas y hasta en su hogar. González confiesa haber creado una “bonita amistad que ha perdurado durante todos estos 18 años. Él es mi amigo”.

 

Estas son mujeres parte de ese diverso grupo de clientas que viven en eterna fascinación por la labor de Harry. Saben que no importa lo que les diseñe se sentirán cómodas, elegantes y las hará sobresal en sus eventos sociales.

 

En palabras de Jocelyn, “él tiene la habilidad de que yo me vea bien, cuando tu vistes de Harry te sientas la mujer mas bella del mundo y ¿Qué mujer no se quiere ver bella? El viste jóvenes, señoras mayores y todas se ven hermosas, él ha sabido crecer con su clientela”.

 

Una feligresía dispuesta a pagar cualquier penitencia y renovar sus votos a cambio de obtener sus sagradas piezas.