Las fiestas de cruz en Santurce

“Kyrie eleison
Christe eleison
Kyrie eleison
Christe audi nos
Christe exaudi nos”
 
Quien pensaría que en los barrios de una ínsula caribeña conquistada y colonizada por unos bárbaros sedientos de oro, esgrimiendo la “santa cruz” como punta de lanza, se estaría, a estas alturas del siglo XXI, cantando de manera popular las letanías de la misa católica ¡EN LATIN! En una historia marcada por una cruz católica que sirvió más como marrón para doblegar voluntades que para evangelizar, crece, como en tantas culturas criollas del nuevo mundo, una firme devoción por los conceptos religiosos de los colonizadores.
 
Las Fiestas de Cruz o rosarios cantados no deben confundirse con la tradicional fiesta de la cruz de tradición católica. El origen de la tradición puertorriqueña yace en Ponce en mayo del 1787 donde ocurrió un fuerte sismo y aquellos miembros de la congregación que se reunieron a orar por sus vidas en torno a la cruz no sufrieron daño alguno. De ahí la devoción a esa cruz, al santo madero, a Jesucristo y por ende a la virgen madre.
 
El rosario cantado de la fiesta de cruz consta de diecinueve canciones autóctonas de la tradición que se cantaban originalmente nueve noches consecutivas. Hoy en día la cantidad de días puede variar de un solo día a los nueve dependiendo de las circunstancias económicas y las complicaciones logísticas  propias de la vida “moderna”. Cada año hay una persona encargada de coordinar la fiesta aunque hay personas que lo hacen como promesa de manera vitalicia. Se prepara un altar con nueve escalones y la cruz comienza en el escalón inferior. Cada día que se canta la cruz sube un escalón hasta llegar al noveno. El altar está además adornado de acuerdo a las posibilidades del huésped con cintas de colores, velas, flores y puede ir cobrando vistosidad en la medida que la gente vaya trayendo ofrendas como pago por sus peticiones a la santa cruz.
 
De las diecinueve canciones doce son en métrica ternaria (3/4), las cuales usualmente se interpretan como valses criollos. Hay seis canciones en métrica binaria (2/4) las cuales, por su naturaleza rítmica, suelen ser interpretadas como guarachas. Y hay una pieza que se interpreta sin ritmo fijo, estilo recitativo. La abundancia de métricas ternarias no es de sorprender ya que la propia numerología hace alusión a la santísima trinidad.
 
La instrumentación utilizada no es fija y varía de acuerdo al barrio donde se lleve a cabo la fiesta. Lo que musicalmente hace falta es un instrumento armónico (guitarra, piano o acordeón usualmente), y algún instrumento melódico que plantee inicialmente las melodías que luego entonarán los devotos. Tradicionalmente antes y entre medio de cada canción se toca una pequeña campana . Usualmente el que organiza la fiesta imprime una hoja suelta con las letras de las canciones de las canciones para facilitar la democratización de la participación vocal. Hay constancia en grabaciones, tanto formales como informales, de instrumentaciones que van desde dos violines y guitarra hasta una orquesta tipo salsa con congas, timbal, bongó y todos los instrumentos asociados a ese género. No es inusual escuchar las mismas canciones en ritmos de bomba y plena.
 
Esta centenaria tradición comienza en Ponce pero al igual que la mayoría de las expresiones culturales populares en nuestro archipiélago se va regando a través del territorio nacional ya sea por migraciones o por coincidencias. San Mateo de Cangrejos, hoy conocido como Santurce, está compuesto, en términos de población, por una amalgama representativa del caribe mestizo, mulato, criollo, siendo a su vez un punto de encuentro de diversas clases sociales en diferentes tipos de interacciones. Pero Santurce no es un solo barrio sino que está compuesto por una gran cantidad de barrios desde los mas afluyentes hasta los de extrema pobreza. Uno de sus barrios mas extensos y populosos es Villa Palmeras.
 
Villa Palmeras es a su vez un ramillete de barrios mas pequeños que van desde el Chícharo en su extremo occidental hasta Playita en su extremo oriental pasando por Seboruco, El Bosque, Shangai y otros. También, por su extremo sur, colinda con Barrio Obrero, barrio similar en composición poblacional.
 
La tradición de las fiestas de cruz se ha arraigado a tal punto en estas comunidades que los miembros de la comunidad se han puesta de acuerdo para repartirse las fiestas por fin de semana para no competir unas con otras. Estas fiestas se hacen usualmente en la calle o en parques, espacios públicos que permiten la participación de cualquier persona interesada. Al sol de hoy entre Villa Palmeras y Barrio Obrero hay una decena de fiestas de cruz que van desde comienzos de mayo (como tradicionalmente se hacían) hasta principios de julio. Se extienden por este periodo por lo de alternar fines de semana para evitar fiestas simultáneas y permitir así la mayor participación posible de la comunidad.
 
La tradición de las fiestas de cruz es una expresión de fe criolla con un valor musical hermoso que adorna de manera particular nuestro pentagrama musical borincano; son una expresión mas de lo que somos como pueblo. Son una tradición cargada de rebeldía ya que aunque vienen de una tradición católica no son avaladas por la iglesia. En fin, son una parte integral de nuestra cultura y Santurce dice presente en su estimulo y conservación.