El Santurce de Maelo

Hace ya unos doce o trece años que mi tío Chelo visitó por primera vez la casita de Ismael Rivera en la calle Calma, en Santurce. Lo llevamos mi hermano Millo y yo a uno de esos pequeños bembés que organiza la familia del Sonero Mayor para conmemorar su natalicio en octubre. Chelo se paró en el medio de la sala. Miró las paredes y las ventanas con sus ojos brillosos -los traía así desde hacía un rato cuando se dio por primera vez una fría en Villa Palmeras- como si esperara a que Maelo se apareciera por allí.

 

En una esquina de la sala, sentado en una mesita, Don Tite Curet tertuliaba en vivo para los micrófonos de Radio Universidad sobre la grandeza, magia e inmortalidad de su amigo Ismael. En el balcón, eran las hermanas del Sonero las que chachareaban con la gente que llegaba. Su hermano estuvo sentado en una silla un buen rato, en silencio. En la calle, y en las barras cercanas, velloneras y gentes coreábamos su música. Su voz se derramaba por su barrio con ese timbre que carga aún una mezcla de dolor y sabor a playa, a tambor que aprendió allí mismo en su Calma.

 

El Santurce Maelero parte de allí, de su Calma plenera y bombera. Así me dijo Ismael, hijo: “En la calle Calma la plena no paraba. Allí estaba Yiyo Plena, un señor que tenía tres panderos de los que se hacían de la misma madera con que se hacían las timbas que tú tocabas dos plenas y se te caía el brazo… y se pasaban to’ el día cantando”.

 

En la Calma está su raíz, pero más allá en el tiempo, el Santurce de Ismael Rivera se extiende hasta los confines del antiguo Cangrejos. Roza con Piñones y saluda a La Perla pasando por el Escambrón donde tantas noches de fama vivió. Pasa necesariamente por la playa del Último Trolley donde azotaba tambores adolescentes junto a su entrañable amigo Rafael Cortijo, de cuya familia aprendió también muchos secretos de la bomba y plena allá por la parada 21 donde hoy está el Centro de Bellas Artes. “Bayola, de donde era la familia de Cortijo en la 22 y la 21”, me cuenta Ismaelito, “era un barrio que él frecuentaba mucho. Allí vivía Doña Zoila la abuela de Cortijo y siempre se tocaba bomba en el batey”.

 

Se extiende también el Santurce Maelero hasta la calle Cerra en Santurce, antigua meca de la industria del disco, donde tanto jangueo musical gozó el Sonero; donde pasaría también horas duras. Cuentan que en tiempos en que perdió la calma solía caminar pa’ arriba y pa’ abajo por la Cerra con un LP de Soledad Bravo bajo el brazo, maravillado por el cantar de la venezolana y trastocado por la ausencia de Cortijo.

 

Por la avenida Borinquen, más cerquita de la Calma y en dirección al cementerio, subió poco tiempo antes cargando a don Rafa y esa peregrinación que primero fue crisis se convirtió en rutina ya en sus últimos años. Según me cuenta José Rodríguez, fotoperiodista amigo de la familia del Sonero, “En los tiempos en que compartí con él, íbamos mucho a la Placita Barceló en Barrio Obrero y a llevarle flores a Cortijo al cementerio de Villa Palmeras… Claro, y a la calle Calma”.

 

Hoy, el Santurce Maelero no es el mismo. No puede serlo, pero mantiene en sus calles las señas de su historia sonora. En sus esquinas conviven la bachata y el merengue con la salsa, el hip-hop y el rock. Se escuchan además barriles y panderos, claro está. También, el sonido rutinario de disparos nocturnos y ese helicóperto policial que sobrevuela constantemente sus noches. La Calma sigue ahí, ahora oficialmente nombrada calle Ismael Rivera, con el mural en honor al Brujo, con otras caras, con un sonar distinto en su esquina. Aún así,  a la Calma siempre hay que volver.

 

“Sí, cómo no, el viejo siempre estuvo orgulloso de ser cangrejero, de ser de Santurce”, me insistió Ismael. “Estaba orgulloso de ser de Puerto Rico en general, pero primero de ser del barrio. Acuérdate de aquello que cantó ‘yo vengo de Santurce, Puerto Rico de la calle Calma, trayendo para ti linda música’…”.

 

Por eso mi tío Chelo, un cocolo cialeño a lo Jíbaro Soy que se ha vacilado muchas rumbas buenas, nos dice a cada rato a mi hermano y a mi, “mira que yo he ido a conciertos de salsa y a rumbones, pero ustedes me llevaron a la casa de Ismael Rivera y yo nunca me olvido de eso”. ¡Ecuajei!

  • Marcos Carpena Esparra

    Que viva el brujo!!