Molini’s

Todos los días don Genaro prepara la pizarra con el menú. Sancocho, biftec encebollado, chicharrones de pollo, son algunos de los platos que sirven a diario. “Antes teníamos más guisos: cabrito, carne mechada, pero el paladar de los clientes ha ido cambiado, ahora es gente más joven”, explica Joanna Molina, hija de don Genaro y dueña, junto a su esposo David Santini del café ubicado en el 1902 de la calle Loíza.

 
Abren de lunes a sábado de 6:00am a 9:00pm. Hay gente que va todos los días, locales que se dan el café de la mañana allí. Don Genaro llega temprano a ayudar a su hija. Joanna heredó del padre el talento para las cafeterías. En la dédada del 1950 la familia de don Genero fue expropiada de su casa en Trastalleres -por el gobierno municipal que dirgía Doña Fela- y fueron a parar a Barrio Obrero. Allí su papá abrió una fonda en el área de la avenida Borinquen. “Fui aprendiendo con él”, explica, “me decía que estudiara otra cosa que esto era muy fuerte”. Pero como nadie aprende por cabeza ajena don Genaro abrió su primera fonda en la esquina de la calle María Moczo y la calle Loíza en 1973. Se llamaba Cafetería Pete’s. “En esa época en la Loíza no se podía casi ni caminar por la acera de tanta gente que había”, dice Joanna, “era como estar en Nueva York”.

 
Diez años más tarde don Genaro compró la famosa y ya desaparecida Cafetería Madrid. “Se la compré a un señor que se llamaba Máximo Trinidad Fernández que la gente conocía como: el español”. Explica que el señor ceceaba al hablar y que tomaba vino y por eso -además de porque tenía una cafetería que se llamaba Madrid- le decían el español a pesar de que era de Ciales. La Madrid era un clásico con su counter curvo y sus famosos perniles. Una vez cerró las puertas en el 2006, después de venderle el espacio a los dueños de la Farmacia Americana, don Genaro decidió retirarse. Pero bastó con que su hija abriera Molini’s para que se pusiera el delantal y se metiera trasbastidores a ayudar.

 
Basta con pasar diez minutos en Molini’s para darse cuenta de que es un negocio de comunidad. Las muchachas que atienden conocen a los clientes, saben lo que quieren y los tratan con cariño. Los vecinos de la zona se encuentran un sábado por la mañana y se saludan. Todos las mañanas tienen jugo de china fresco y el café es suculento. Uno de sus platos emblemáticos es el budín de pan. Los precios son razonables y todo es fresquecito. Los sábados tienen sancocho.