Por la Cerra

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Saltar de la alegría, bailar como un loco, deslumbrarte ante una pintura o compartir una cerveza con un pana que no ves desde hace tiempo, todo en un mismo lugar. La cuarta edición de Santurce es Ley significa muchas cosas. La primera es que en este país se hace cultura, se hace arte y la gente lo apoya. La segunda es que otra actividad dedicada a la gestión y la exposición de la cultura se ha establecido como un evento anual. La tercera, que poco a poco se han roto las barreras sociales y en un solo espacio convergen muchas subculturas unidas por una cosa: el arte. Es lo que mueve a los artistas, atrae a los visitantes e integra a la comunidad que habita estas calles.

Fue muy emocionante pasear por los alrededores de la Calle Cerra en Santurce durante la noche del viernes 5 de abril. No solo por los murales y la música si no por que además en eventos como estos uno ve como somos nosotros, los puertorriqueños. Ahí estamos: pidiendo un pincho, dándonos una Medalla o simplemente caminando por todo Santurce de una exposición a otra.

Con la noche sobre nuestras cabezas nos adentramos por la concurrida calle en donde ubica la galería C787, del artista y organizador de Santurce es Ley, Alexis Bousquet. Luego de discutir con un deambulante por que le tomé una foto sin su permiso y después de que el me amenazara con que me iba a demandar y yo borrara la foto ante sus ojos, seguí mi rumbo hacia la tarima principal. Dos monumentales obras de arte ocupan los muros de varios edificios abandonados asombrando a las doñitas que iban a la actividad por primera vez a comentar, bebelatear y sentirse jóvenes.

En ese mismo estacionamiento, disfrazado para la ocasión de punto de encuentro central, había tres galerías rodantes con exhibiciones que vale la pena ver. No soy muy experto que digamos en esto del arte, la pintura y los movimientos contemporáneos que el siglo 21 trae consigo. No quiero pecar de ignorante y me limito a comentar que a juzgar por lo que pude percibir la juventud está bien, pero que bien molesta con el sistema, el colonialismo, el capitalismo, los Estados Unidos y los líderes mundiales.

De ahí nos movimos entre las diversas paradas gastronómicas que hacen una ruta lineal por la Calle Cerra y terminan en la Calle Aurora. Pinchos, piononos, bacalaítos; en general fritangas era lo que había en el menú. Pero el que quería entonar la nota un poco podía sin ninguna dificultad moverse por la escasa marea de niños que jugaban en la calle hasta llegar a la Calle Palmas en donde la música electrónica de la tarima principal dejaba de reinar para abrirle paso a la “salsa golda” de Ismael Rivera.

Hipsters, ravers, dones, mas doñitas, el borrachito que siempre frecuenta el mismo chinchorro y el deambulante que hacía un festín recolectando un tesoro de aluminio, se mezclaban como un chicle que se agigantaba cada vez más con el rápido trote de la gente que quería refrescar la garganta y descansar los ojos de la inyección colorida que debía sentir luego de estar parado unos cinco minutos descubriendo minuciosamente cada contorno, cada línea y cada detalle de cada mural que adorna los espacios santurcios que hacen frontera con Miramar.

De vuelta por donde fuimos regresamos hasta dar con mi pieza favorita de la noche: una mujer, a mi entender estilo cómic, que con una cabellera rubia cubre sus ojos con gafas para protegerse de lo que aparenta ser una bomba o una criatura alienígena saliendo de una esfera. Cada cual dará su propia versión de lo que esta mujer creada por D*Face quiere decir, pero lo que más me impresiona es la indiferencia que esta expresa hacia el mural vecino en donde un don sentado en una carreta que carga toda la porquería del mundo es halado por dos bueyes.

Nada. Seguimos caminando hasta cruzar la Avenida Fernández Juncos en donde más artistas se divierten creando en la pared de un huerto casero en donde muy amablemente sus dueños te orientan sobre los distintos productos naturales que puedes hacer con sus plantas.

Ya pasado el huerto más gente se amontona cerca de Recinto Cerra y la galería 20/20. Unos cocinaban marshmellows en la calle. Otros se besaban en el cachete gracias a un afortunado encuentro entre panas que no se veían desde que uno de ellos se fue para Nueva York. Otros se metían en otro local, que no estoy seguro si se llamaba El Rastro, pero que adentro tenía una Mac en donde podías proyectar tu video de You Tube favorito. Nuevamente nos topamos con la imagen del santurcino Ismael Rivera en uno de sus conciertos.

Nos adentramos en 20/20 en donde había desde esculturas, objetos inanimados -que asumo son parte de algún movimiento artístico moderno que no entiendo- dibujos a lápiz y papel bastante creativos y varias esculturas que asombran por lo hermoso y simple de las mismas.Ya cansados de caminar por más de tres horas mi acompañante y yo decidimos regresar a la tarima principal. Nos sentamos en unos banquitos de madera construidos con madera de paletas. Luego de un merecido descanso y de escuchar de boca de un conocido que en la galería 2BLEÓ había otra exposición interesante y un “bembé encendío” decidimos dar por concluido el recorrido en la Calle Cerra para cerrar la noche en este nuevo destino.

Mi primera impresión fue que el sitio era bastante apartado y no tenía tanta protección policiaca como el resto de la Calle Cerra. Eso no nos quitó las ganas de entrar. Nuevamente dentro de otro espacio el aire acondicionado se hacía sentir refrescándonos las caras  y brindándonos un buen humor para admirar las piezas que se encontraban dentro del local. Luego de una rápida visita alrededor salimos al ritmo de los tambores de La Central Victoria, una nueva “propuesta musical de experimentación” que entre ritmos del hip hop y ritmos afrocaribeños montaba el “bembé” entre las diez almas que por allí rondaban.

Ya extenuados me monté en mi carro en dirección hacia mi apartamento pero no sin antes pasar por el Museo de Arte de Puerto Rico a ver si “de casualidad había algo”, solo para darme cuenta que el trolley asignado a facilitar la transportación en el evento y que no había visto en toda la noche sí estaba cumpliendo su función. Y así mi primer día de Santurce es Ley llegó a su fin.