Proyecto Piso

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Este barrio está lleno de espacios vacíos, abandonados, donde un día hubo algo y ahora solo quedan escombros y una naturaleza que reclama ese espacio con la ferocidad del trópico. Hay quienes le pasan por el lado todos los días y no lo ven. Pero ese no es el caso de la bailarina Noemí Segarra. Quizás sea por su carácter de artista o por su condición de peatona recurrente, pero ella ve el espacio vacío como un potencial punto de reunión, de sitio para practicar, para crear, para sembrar. Y así surgen los próximos proyectos de Piso.

Piso es literalmente un piso, una superficie de madera de 20X9 que viaja de un sitio a otro y se convierte en la casa de los bailarines que improvisan sobre él. Pero Piso es también un proyecto de arte urbano. Con Noemí trabaja Félix Rodríguez Rosa, un artista visual que se unió al invento el año pasado. En estos días inauguraron un nuevo piso móvil elaborado en parte por los estudiantes de segundo año de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico.

Y la sede de ese piso, al menos por ahora, será en un espacio vacío en la calle Las Iglesias en el sector San Mateo, detrás de Ciudadela. Todo ese terreno, que algunos le llaman el pedregal, se utiliza ahora como parking. Debajo de los carros hay pedazos de lo que fueron las casas del sector, algunos de ellos con losas de esas criollas que ya no se consiguen. Hay un pedazo de terreno que colinda con la única casa habitada que queda, la de Laura Lasanta. Es justo allí donde se acomodará el Piso que además será huerto y espacio de reunión comunitaria.

“Queremos activar espacios verdes a través de tiestos modulares, de material reciclado, con el fin de enraizar-tocar tierra y armonizar, concientizar sobre el área y generar acción comunitaria”, explica Ana Cristina Rodríguez Surís, una de las artistas del colectivo.

Para empezar van a hacer una limpieza del espacio el domingo 17 de marzo en dos tandas, primero de 8:30am a 11:00am y luego de 3:00pm a 6:30pm. La meta es tener allí un huerto comunitario y el piso en el que practica el grupo de bailarines cuatro veces a la semana. “Esto es una investigación interdisciplinaria”, explica la bailarina, “en vez de tener que adscribirnos a las estructuras, podemos ser agentes de cambio”. Este no es el primer proyecto que realiza el grupo en Santurce pero sí podría ser uno de los más abarcadores por expandirse más allá del espectro de los bailarines para incluir a otros miembros de la comunidad y crear un espacio para el disfrute de todos.

No queda claro a quién le pertenece el predio de terreno en el que se hará la intervención. Esa zona fue expropiada casi en su totalidad con planes de hacer nuevas estructuras que  no se han materializado.

Área de ensayo y practica de baile.

El modelo de rescatar espacios baldíos se practica en las grandes ciudades del mundo desde hace muchos años. En lugares como Nueva York el estado se ha hecho eco de esos reclamos y en ocasiones ha facilitado el desarrollo de los espacios que en algunos casos se convirtieron en huertos comunitarios y en otros, más abarcadores y organizados, en proyectos como el High Line que ocupa las abandonadas vías elevadas del extremo oeste de la ciudad.

“Queremos que la comunidad sea parte de esta reclamación que la gente diga qué necesita, cómo necesitan activar el espacio”, dice Noemí sobre el proyecto, aún en ciernes. Además de las labores de limpieza del domingo quieren seguir usando el espacio para bailar y, próximamente, estarán organizando charlas abiertas al público, de diversos temas.