Santurce es más que la Placita

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Abandonamos la placita con la excusa de comer “algo rico”. Cuando Paula me dijo esto, recordé rápidamente que en la Fernández Juncos debían estar aún aquellos famosos pinchos de marlin. La cantidad de noches que janguié por Santurce con la idea en la cabeza de uno de aquellos pinchitos que, mientras más tarde, mejor saben. Sin embargo, no fue así; los pinchos deberían esperar y, en su lugar, me convencieron para ir a un local nuevo de hamburguesas que hay en la avenida Ashford. A este punto de la noche, aunque en realidad en cualquiera, me podían convencer de casi cualquier cosa por aquello de que, en estos casos, el fin justifica los medios. Yo sabía lo que quería y, aunque prefiero más el chinchorreo que un restaurante en El Condado, no me quedó otra que el sacrificio que espera la remuneración del final de la noche: ese momento en el que te preguntan “¿te quieres bajar un ratito?”.

 

The Place, una nueva hamburguesería y cervecería que, además de tener buena calidad y buenos precios, tiene el ambiente perfecto para comer alguito y tener buenas conversaciones. Esto último es bueno porque desde que llegué a Puerto Rico me he convertido en un mejor oyente. Algo ocurre con nuestra cultura que, tan pronto como le dices a alguien que llevas unos años fuera del país, se siente en la obligación de “ponerte al día”. Así fue que entre un par de “pale ales” y dos hamburguesas, sentados en la terracita del local, Paula me hizo la historia del Bicijangueo. Resulta que las bicis están muy de moda en Santurce y se les ha ocurrido a unos cuantos llevarse la bici para ir de bares por el área. “Una cosa bien nítida”, me decía. Le prometí que lo buscaría por Facebook.

 

Parking para el bicijangueo.

 

Salimos de allí un poco más contentos y con la idea de darnos un par de palos más en los bares cercanos. La avenida Ashford es una de esas calles en la isla que siempre te hacen sentir a gusto con el lugar en donde estás. No sé si por la cercanía de la playa, el olor del aire, la diversidad de gente, pero la avenida seduce, enamora. Caminamos un buen rato hasta llegar a Barlovento, en la plaza Alberto Escudero, en la misma Ashford. Este bar, que ya lleva unos cuantos años allí, es uno de los más subestimados y mejores bares de la isla. Con la playa de fondo, nos sentamos en la terraza a darnos otro par de cervezas. Buenas conversaciones, un viento con olor a mar, pocas luces… fue en este punto en el que, de sopetón, le di un beso, correspondido, claro está, a la Paula, cuyos ojos negros y brillosos apuntaban a mi perdición. Mientras la besaba, pensaba (esto es algo que no puedo dejar de hacer, lo sé, me va fatal) que me sentía como un extranjero al que le están llevando a conocer una nueva ciudad: Santurce. Que no era nueva, pero aquella noche me la pintaba así.

 

Al final a Paula le dieron ganas de bailar. Esta mujer no para, y yo bueno, quién soy yo para meterme entre una mujer, la noche y sus deseos de mover el cuerpo. Me habló de un sitio al que describen como “chinchorro glorificado”, en la calle Loíza, se llama Pa´l Cielo. Es un barcito cuya glorificación consiste en la decoración “kitsch” y la buena música. Perfecto para ir a bailar y despejar un poco la cabeza. Había música de Dj y mucha gente bien nítida, tan nítida que cuando la noche nos trajo un aguacero, salieron a  bailar bajo la lluvia.

 

Pa'l Cielo chichorro glorificado en la Loíza.

 

Nosotros no… pues ahora tocaba mi parte del jangueo, ese momento de la noche en que todo se torna un poco más decadente.

 

Segunda parte de una serie de cuatro.