Silencio en los pasillos

El patio central de la Pedro G. Goyco tiene muy poca sombra. Es una “torta” enorme de cemento y asfalto donde no hay un sólo árbol o gazebo que mitigue el inclemente sol del medio día o que ofrezca cobijo cuando cae la lluvia. Por eso, caminar por los pasillos del interior del plantel durante el recreo o a la salida de clases, era someterse al alboroto ensordecedor del agudo griterío de su pequeña población. Pequeña por partida doble ya que, además de ser una escuela elemental, desde hace años las malas condiciones del plantel fueron disuadiendo a madres y padres de matricular a sus hij@s. Así, con el paso del tiempo, el número de estudiantes comenzó a desplomarse de una población de varios cientos a estar sólo por encima de los cien alumnos.

Desde hace años el rumor sobre un posible cierre se dejaba escuchar por los pasillos del plantel superando el griterío de los más pequeños. La falta de atención que sufría la escuela no podía más que abonar a las sospechas que se confirmaron hace algunas semanas con la publicación de la lista de planteles que no volverán a recibir estudiantes en agosto. Con la noticia, a varios nos invadió una extraña mezcla de frustración y esperanza. Frustración porque – por más de un año – remamos contra corriente insistiendo en la transformación de la escuela. Esperanza porque creemos que ese cierre supone ahora una oportunidad para luchar por la reapertura del plantel como una nueva escuela “de” la comunidad y “para” la comunidad.

Insisto en la pertinencia de trabajar por esa nueva escuela porque he escuchado anécdotas de vecin@s que recuerdan cuando en la Goyco no sólo se formaba a los escolares del barrio sino que se llevaban a cabo actividades dirigidas a satisfacer otras necesidades de la comunidad. Asumiendo la dificultad que entraña “movilizar” a la gente es importante subrayar la extraordinaria oportunidad que tenemos entre manos. Queda convocar a quien desee sumarse a este esfuerzo a asistir a las reuniones que se estarán organizando próximamente y/o comunicarse con la Asociación de Residentes de Machuchal. Como aliciente habría que destacar que no aspiramos a nada que no hayan logrado otras comunidades.

Imagino el abrumador silencio que debe reinar hoy en los pasillos de la escuela con cierta nostalgia del alboroto que los invadía. Me entristece pensar cuál será el próximo destino de tantos niños y niñas que ahora tendrán que desplazarse fuera del barrio para asistir a la escuela. Quiero apostar a que podrán regresar a la Pedro G. Goyco en un futuro no muy lejano a encontrarse con otros niños y niñas del barrio en una nueva escuela. Una escuela que verdaderamente contribuya a desarrollar lo mejor de ellos y ellas. Una escuela que nos aporte y nos fortalezca como comunidad. Nuestra nueva escuela. ¿Quién se anima a trabajar por ella?

Para información: armarsanturce@gmail.com Facebook