Sin tiempo el 5 y 10

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En la esquina de la enigmática calle Loíza y la calle Pomarrosas ubica San José 5 y 10. Esta tienda de descuentos, que parece haber quedado plasmada en el siglo pasado, obtuvo su nombre porque se especializaba en vender capias que costaban entre 5 y 10 centavos. “El ‘San José’ viene del Teatro San José que quedaba justo al lado y se añadió para que sirviera de punto de referencia y así encontrar el negocio con más facilidad”, comienza por explicar José Guillermo Pérez González, propietario de la tienda. Según Pérez González, el teatro luego pasó a ser el famoso Teatro Grand, cuyo propietario era Ramiro Obrador, padre de Alan Obrador, un reconocido comentarista deportivo.

 

“Otro negocio que estaba aquí era la tienda Ernesto Ruiz, localizada en el edificio al lado de donde hoy está la sucursal del Banco Popular, y donde vendían efectos electrónicos y enseres –desde radios hasta lavadoras–. En aquel tiempo, eran los representantes de Panasonic en Puerto Rico”, menciona Pérez González, quien añade que otros lugares que había en la Loíza pero ya han desaparecido son: The Sterling House, una tienda exclusiva con registro de novias especializada en cristalería y porcelana fina, y Almacenes Infanzón, una tienda por departamentos que vendía ropa para hombres, mujeres y niños.

 

Establecido en 1948 por el patriarca de la familia, Guillermo Pérez Zorrilla -padre de José Guillermo-, San José 5 y 10 es ante todo un negocio de familia. José Guillermo recuerda haber pasado largas horas de su infancia en 5 y 10: “Yo estudiaba en el Colegio Nuestra Señora de Belén en Guaynabo. Cuando salía del colegio y luego de haber hecho las asignaciones, llegaba a la tienda para ver en qué podía ayudar. Son buenos recuerdos… La semana antes de Navidad abríamos todos los días hasta la medianoche. Ayudábamos a los clientes a llevar sus compras al carro y en Nochebuena luego de cerrar, nos íbamos todos a casa para esperar la Navidad y festejar. Fueron buenos tiempos. Hasta mis sobrinas, hijas de mi hermana Emmy, se criaron aquí. Y ya tienen 18 y 12 años”.

Inventario de 5 y 10

La mercancía en San José 5 y 10 ha variado muchísimo con los años, pero las constantes siempre han sido juguetes en general, muñecas (que hoy muy bien podrían considerarse vintage), bromas pesadas (cigarrillos de mentira, buzzers que hacen ruido al estrechar la mano, chicles con sabor amargo) vajillas, cristalería y efectos de cocina y de limpieza en general. Pero originalmente la tienda se dio a conocer por vender capias –adornos hechos con cintas de satén que se usaban como recordatorios en bodas y bautizos y para los corsages, tan típicos para las chicas llevar puesto a los bailes de graduación–.

 

Las vajillas que vendían antes se hacían allí mismo, gracias a la colaboración de Stella Royo Merchandising, una importadora de porcelana y juguetes. En 5 y 10 se diseñaban platos sueltos, hondos y llanos, tazas con sus platillos, entre otras piezas de porcelana. The Sterling House se especializaba en el mismo tipo de mercancía, pero cada tienda tenía su propia clientela por llevar en un inventario de piezas únicas de porcelana; y en el caso de 5 y 10, ¡hasta figuras de santos!

 

¿Reparación de bolas de bowling?

Algo que nadie nunca se hubiera imaginado, aunque se diera cuenta al entrar que venden efectos del juego de los bolos, es que en la parte de atrás de la tienda hay un taller completo de reparación de bolas de bowling. La especialidad en estos efectos deportivos llegó para quedarse en 1973, según Pérez González, y luego de 39 años, los ha llevado a servir de suplidores para distintos equipos de islas vecinas como: República Dominicana, St. Thomas y Santa Cruz. ¡Tienen de todo y en gran variedad! Desde bolas, zapatos y pinos hasta bultos, muñequeras y bayetas especiales para limpiar las bolas..

 

“Nuestra familia lleva en el bowling… ¡Wow! Más de 50 años”. Aparte de José Guillermo, en la familia juegan a nivel de federación (Federación de Bolos de Puerto Rico) su padre y sus hermanos Luis Manuel Pérez y María Isabel Pérez, quienes han representado al país en Juegos Centroamericanos y del Caribe y en Juegos Panamericanos. Actualmente, todos los miembros de la familia juegan en una misma liga de bolos, más por afición que por competitividad.

 

Se me ocurre mencionar que la última vez que jugué a los bolos (he jugado un total de cuatro veces en mi vida) me lastimé el dedo pulgar por el peso de la bola. Pero mi atrevida ignorancia hace mutis cuando Pérez González me explica que el peso ideal para mi bola en el futuro deberá ser 12 libras y que para jugar bien hace falta que la bola se ajuste a la medida de cada persona. Lo ideal es usar una bola nueva, pero si se repara una usada se tapan los hoyos originales con resina. Me explican que cada bola tiene su propio eje marcado y que los hoyos se perforan respecto a ese eje de manera distinta para que gire en una u otra dirección y ejecute el golpe con mayor o menor fuerza, al principio o al final del tiro. Luego, se corta el exceso de resina, se pule y se termina para que quede perfectamente esférica. La medida exacta de los dedos se transfiere a la bola y finalmente se barrenan los hoyos con una máquina especial.

 

Esta tienda no se vende

Afuera hay un letrero que dice: “Se vende”. Entonces viene la pregunta obligada: ¿Qué va a pasar ahora con 5 y 10? José Guillermo responde que están vendiendo el edificio, propiedad de la familia, pero que la tienda permanecerá abierta. Todos estos cambios con sólo un ajuste en los negocios familiares. Piensan alquilar el espacio comercial para continuar operando 5 y 10, el negocio principal de un total de dos.

 

El otro es 5 y 10 The Pro Shop, que opera como concesionario dentro de la bolera Carolina Bowling.

 

Nos provoca preguntarle su opinión acerca de la transformación por la que evidentemente pasa la Calle Loíza, Santurce y hasta todo Puerto Rico. “Aquí han desaparecido negocios tan antiguos como nosotros. En cuanto a la economía, las expectativas no son muy halagadoras. Hay que tomar decisiones más concienzudas. Se hacen predicciones económicas, pero no todas se cumplen. Este tipo de negocio cuenta con clientela de muchos años. Pero hay mucha gente que se ha ido, por haberse mudado a los suburbios o por haberse ido de Puerto Rico”.

 

Al preguntarle cuáles son sus planes, Pérez González me mira con un aire de optimismo y afirma: “Seguir arando. Echar pa’ lante esto. Tenemos que reinventarnos en estos momentos. El mundo da muchas vueltas y todas las oportunidades hay que agarrarlas porque de todo siempre se puede sacar algo bueno. A veces vemos el lado malo pero ese lado malo siempre tiene algo bueno”.

 

Y así, con aires de exploradora que acaba de conquistar nuevas latitudes, aterrizo en el presente, en esta máquina del tiempo, y salgo de 5 y 10, no sin antes comprar un ‘radito’ AM/FM marca Sony que opera con dos baterías AA como regalo para Cucú.

La autora es traductora y bloguera. Cucú es la madre de la autora.