Soy ISLA en FUGA

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Iniciamos una serie de colaboraciones de y sobre pensamiento, diálogo, proceso y escritura compartida en este espacio, que enmarcan o declaran lo que practicamos, investigamos, reflexionamos o probamos en actualidad – en la vida y en el arte.

Es un placer el ceder esta columna de octubre a Marielys Burgos-Meléndez, amiga, colaboradora, colega de la danza y pensamiento crítico.

Desde 2010 llevamos una relación que se ha transformado así como seguimos cada una desarrollando nuestras propuestas y nuestras vidas. Inicialmente el intercambio fue uno de “maestra o mentora / estudiante” a uno de colaboración y diálogo continuo, al de colega. En este proceso nuestros roles, percepciones evolucionan y nos empujan a seguir revisando nociones y comportamientos para hacer ajustes, repensar y reconfigurar adentro/afuera. Quizás no hay producto aparente que no sea un compromiso a un estilo de vida y por ende una búsqueda de ser de otras muchas formas en el mundo.

Compartimos el deseo y la curiosidad de saber y aprender a cuerpo entero. Temas como género, improvisación, entorno, autonomía, interdependencia, prácticas a largo plazo, procesos de transformación y vida en la colonia, son algunos de los que nos damos la tarea a investigar.

El 19 de septiembre 2015, Marielys pasó por casa en la Calle Estrella en Santurce. Dialogamos sobre “el regreso” a la isla; como es un proceso que aún a un mes de la fecha de vuelta emociones, experiencias, pensamientos siguen asentándose en un proceso de “digerir” el aprendizaje de lo vivido (pasado, previo no tan lejano) de la mano de lo que se está viviendo aquí ahora en Puerto Rico (presente, ahora).

El futuro es un paso detrás de otro: poder seguir viéndonos y apoyándonos en la vida, atendiendo lo que nos mueve, es un compromiso de crecimiento y apoyo continuo que me satisface de manera plena.

El investigar, documentar y dar cuerpo o nueva forma a cómo estamos viviendo y viéndonos o no en Puerto Rico estemos aquí/allá, considerando a que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo es mi compromiso como mujer puertorriqueña artista iniciadora de PISO proyecto. Me consta que somos muchas en este compromiso de transformación continúa. El proceso es sinérgico. Reconocer lo que colegas investigan o desarrollan nos alimenta, informa, da más energías y puntos de referencia para seguir en tránsito y construyendo de otras formas a largo plazo.  -Noemí Segarra Ramírez

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Soy ISLA en FUGA

I. 

¿Por qué nos vamos? ¿por qué  regresamos? ¿por qué nos quedamos? ¿cómo nos movemos en ese espacio que habitamos? Son alguna de las inquietudes en las que he estado indagando desde el 2013. Migrar no es necesariamente un fenómeno particular de nuestra época ni de los puertorriqueños; sin embargo, me inquieta conocer bajo qué condiciones es que nos movemos de un lado a otro. El tema surgió más por instinto y casualidad luego de haber entrevistado a varias artistas puertorriqueñas para mi trabajo de tesis. Me encontraba fuera de Puerto Rico, esa había sido una dura decisión pero, respondí a mi anhelo de desarrollar una carrera  académica (maestría) en danza y en la isla no habían opciones. Durante mi experiencia en la diáspora se intensificó el ir y venir, hábito compartido por un sinnúmero de colegas, amigas, maestras, compañeras, artistas del cuerpo y el movimiento. 
 
Hasta ese momento no había cuestionado críticamente el hecho de que la mitad de mi familia vive en Massachusetts, ni que mi madre y mi padre se hayan conocido fuera de Puerto Rico. ¿por qué se fue mi madre a sus 18 años?  ¿por qué mi abuela agarró a sus 13 hijos hace más de 40 años y se asentó allá ‘fuera? Como una revelación pasaron frente a mis ojos memorias de mi infancia yendo y viviendo,  fotografías de allá y de acá. Así, mas o menos, comenzó mi búsqueda, queriendo entender un poco más “esa necesidad imperante de irme” que me aborda desde muy pequeña. Irme fue siempre un anhelo; disposición que sin entender de lleno me ha motivado, a lo largo de mi vida, a descubrir y descubrirme en lugares inimaginables. 
 
Me sentí ISLA en FUGA, y esa sensación comencé a articularla como acción/investigación creativa. Este proyecto va formándose en la medida que hago, indago acerca de la movilidad y de la migración como estrategias de supervivencia – la disposición de irnos con la que me parece crecemos y la relocalización geográfica misma-. En el 2013-14 esto no estaba tan claramente articulado, me tomó casi un año de leer, practicar, bailar, llorar, preguntar, esuchar, moverme y literalmente irme de Puerto Rico para darme cuenta de que en efecto “nos vamos antes de tiempo” de forma consciente o inconscientes, ya sea como sueño, anhelo, deseo. Me ha tomado 10 años de estar viajando, entender el dolor propio y ajeno de las despedidas, las incertidumbres del regreso y mi condición misma como persona en vaivén. 
 
En 2014 comencé a acumular imágenes de la “migración puertorriqueña” que nos antecede, luego de leer una cantidad significativa de escritos sobre el tema; ¿cómo había incentivado la movilidad puertorriqueña la imposición de la ciudadanía estadounidense? Una foto en particular me sirvió de inspiración y la utilicé como punto de partida. Las mujeres de la foto parecían que estaban a punto de salir o que acababan de llegar; posaban frente a un avión, puertorriqueñas que habían sido reclutadas para trabajar en New Jersey en 1953, según la descripción. ¿se conocerían de antes, eran familia, o justo habían estrechado lazos en esa historia en común que comenzaban a vivir? Cuan cotidiano nos es que alguien conocido decida marcharse, muchas veces para no regresar.
De igual forma recopilé varios cortes de periódicos que tenían fecha del 2013 y anunciaban el “fenómeno” de la migración a Florida; narrativas de “personas comunes” explicando por qué se iban y el dolor de su partida. Durante mi primera residencia del proyecto en México en agosto 2014 (CICO-Danza, INBA), leí noticias similares del año en curso. ¿Por qué es noticia en 2014 algo que lleva pasando desde hace mucho tiempo, algo para lo que hemos estado más que condicionados? Esto me sirvió como material para mi primera exploración abierta: “esto no es un trabajo en proceso, es un proceso expuesto”. 
 
Ya había un precedente de conversaciones de vaivén. Entre cafés y cervezas, aquí en Puerto Rico, o allá en Nueva York, me había encontrado a colegas y amigas que compartíamos las misma inquietudes; Noemí Segarra, Anamaría Amador, Ñequi González, Jessica Bravo, Awilda Rodríguez Lora, Yarí Taina Rodríguez, Verónica Rodríguez, bueno un sin fin de mujeres de diversas generaciones. Sin embargo, decidí comenzar a entrevistar personas más puntualmente para conocer sus experiencias de irse y regresar de la isla. Otras tantas mujeres puertorriqueñas profesionales de la danza contemporánea/experimentalista tales como, Gloria Llompart,  Merián Soto, Awilda Streling-Duprey-, Viveca Vázquez y Ana Sánchez-Colberg, también en su momento partieron.  Unas regresaron otras van y vienen. ¿Cómo dentro de los estudios de la migración y diáspora puertorriqueña la situación de dichas artistas no haya sido necesariamente un tema de interés investigativo?  
 
En octubre del 2014, entre curiosidades investigativas, desilusiones profesionales, tensiones financieras y frustraciones emocionales, sobreviviéndome en  este pedazo de isla me cuestioné cómo abordar el tema de la movilidad y migración como investigación artística sin encarnarla o darle cuerpo a esas premisas/acciones. Cómo trabajar menos desde la memoria y más desde la vivencia misma. Así surgió REALENGA“irme de Puerto Rico sin intención de regresar”; no como un acto escénico sino cargando la cotidianidad de performatividad. Volqué todas mis energías hacia esa acción y me sumergí en una rigurosa rutina de prácticas somáticas, de improvisación y espirituales. Irme me confrontaba con el meollo del asunto, ¿cómo hacer de eso un performance? Me establecí metas, contacté a personas específicas fuera de Puerto Rico y establecí un recorrido que duraría 5 meses; ese sería el contenido, el trabajo mismo radicaría en documentar el proceso, crear una narrativa propia, de mi partida. El destino final no estaba  claro, no sabia donde terminaría, estaba abierta a quedarme donde fuese que surgiera un espacio que me acogiera  y en el que pudiera trabajar dignamente, sentirme segura y desarrollarme profesionalmente.
II.
El regreso a Puerto Rico ha sido una confrontación. Desde que pisé la isla el 18 de agosto, me he preguntado, qué hago aquí. Inicialmente una oferta de trabajo fue el motivo; respondiendo a un compromiso y a un anhelo profesional decidí volver, intentarlo nuevamente. Sin embargo, REALENGA sigue en proceso, aún documento mi experiencia de oscilación, las condiciones de mi movilidad, el miedo y la incertidumbre de sobrevivirme aquí. Miedo que se ha intensificado luego del  13 de septiembre cuando fui victima de un asalto a mano armada.
 
Ese Domingo, entre las 11:00-11:30 de la mañana, un individuo con pistola en mano me amenazó y se llevó mis pertenencias. A plena luz del día, en mi barrio, el Viejo San Juan, en el cual llevo trabajando intermitentemente desde el 2005 y viviendo de la misma forma desde 2009. Hasta ese momento Viejo San Juan era mi satélite, mi espacio seguro, mi punto de partida. Ya no lo es más… -lloro al escribirlo-.
 
El día del asalto, cuando ese individuo se acercó a mi, vi más allá de él; no pude evitar pensar lo que cada uno de nosotras representa en la sociedad en que vivimos. Me sentí frágil, vulnerable, él había decidido por una  “mujer indefensa”, teniendo poder en forma de arma. ¿Qué lo habría motivado? Pensé también en Carmen Yulín preguntándome si ella camina por el barrio con el mismo miedo que yo.  ¿Se siente Alejandro, mi vecino, amenazado cuando decide salir de La Fortaleza? ¿Se viven ellos con las mismas ganas que me vivo yo de irme de Puerto Rico? ¿Siente ellos urgencia de buscar un espacio en el que puedan vivirse tranquila y dignamente? VIVIR con dignidad implica VIVIR en seguridad –entre otras tantas cosas-. He llegado a la conclusión que, como “ciudadana”, no tengo ningún tipo de responsabilidad para con el aparato institucional de un estado que no garantiza mis más básicos derechos. ¿Será que tenemos que  defendernos como podamos, de ellos y de la amenaza de andar muertos en vida? 
 
El miércoles 30 me tocó identificar a mi asaltante que agraciadamente fue encarcelado. Confiaba que mi cuerpo recordaría a ese individuo quien lleva acompañándome desde aquel día. duermeconmigolo sueñosedespiertaconmigocaminaconmigocomeconmigo Lo identifiqué inmediatamente, y si bien no me sorprendió esa claridad, me resquebrajo la memoria de esa transgresión
          ¿cómo nos vivimos con tanta violencia?
 
¿Nos es claro que vivimos en crisis? Aunque se hable abiertamente de la situación  financiera o económica, la crisis trasciende los bolsillos, nos toca los cuerpos, los sueños, las ganas, las prioridades, las urgencias, las expectativas, entre otras tantas cosas; incide en nuestras formas de relacionarnos con nosotras mismas y con los demás. A pesar de las situaciones críticas que enfrentamos nos vemos obligadas a andar por la calle, trabajar, pagar las deudas como si nada estuviese sucediendo.  Desde ese incidente puedo contar las veces que he llorado. Al parece en el “VIVIR” no esta incluido el sufrimiento. No es casualidad que en el sistema económico en el que estamos sumergidas, ese tiempo de dolor, llanto, enfermedad, angustia y confusión tenga un precio. En la medida en que ese tiempo no genere capital, estamos condenadas a la insensibilidad. Cualquier intento de humanidad es un acto casi revolucionario. 
 
III. 

A los que se fueron en algún momento de Puerto Rico y están aquí nuevamente, me pregunto: ¿por qué regresaron? Me da gran satisfacción que personas encuentren sus nichos, rutinas, sus espacios de “fuga”, sus oasis en la isla. No obstante, el enramado de situaciones que enfrentamos desgasta y muchos hallamos sosiego en la posibilidad de irnos en cualquier momento –aunque sea por un corto periodo de tiempo-. Para las que nos dedicamos al trabajo creativo independiente optar regresar, estar aquí, y hacer arte bajo otras tantas condiciones que enfrentamos –llámense o no precariedades- es un acto de resistencia. ¿A cuesta de qué permanecemos, de la vida misma? Pues, parece que sí. Por tal razón, no puedo concebir un trabajo creativo desarraigado de mi contexto cuando es el cuerpo el  medio. Mi cuerpo está de por medio. 

 
Las razones que tengan unos u otros para irse de Borikén no deben ser menospreciadas, juzgadas o señaladas. No nos tiremos piedras y trascendamos ese sentimiento de nostalgia y abandono –a mi entender heredado- que pueden evocar las partidas. Tampoco temamos el irnos si eso ofrece la posibilidad de aliviar una relación quebrantada con nuestro lugar de procedencia. El problema no es quién se va o quién se queda, sino por qué nos vamos, por qué nos quedamos y cómo nos vivimos aquí o allá. Ciertamente las circunstancias son complejas, difíciles de abordar, enfrentar y más que todo de sanar, pero las luchas se llevan a cabo desde cualquier trinchera, eso lo cuenta nuestra historia. El dolor de quedarnos o de irnos, seguirá estando ahí, lo compartimos, nos pertenece a todas.
Aquí, en Puerto Rico, me desencuentro, intento hacer sentido de este mí regreso, de crear espacios, construir dinámicas, afianzar vínculos y solidificar estrategias que promuevan vivirme a plenitud.  Sin miedos. Sobrevivirme NO es una opción. 
             Desde aquí, mi cuerpo, me muevo…
                                                                 Soy ISLA en FUGA.