Taller de verano

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Nunca hubiera imaginado que una actividad de verano provocaría en niños y niñas quererse levantar temprano. Sin embargo, esta fue la respuesta de los/as participantes en el Proyecto piloto para la Academia de Artes Multidisciplinarias en Machuchal*. Mi amigo y vecino Bradford, motor de esta gestión, era uno que desde las 9:00 de la mañana estaba bañado, vestido, desayunado y perfumado, para los talleres que comenzaban a las 10:00 am. Al parecer este comportamiento se replicaba, según me dijeron las madres y padres, en otros chicos y chicas participantes.

Cuando me avisaron de la aprobación de la propuesta a mitad de semestre, me dí a la tarea de hacer los ajustes para hacerla en el verano, la idea original era hacerlo durante el semestre. Se puso en marcha en junio, en la sede de la antigua Academia Santa Teresita en la calle Loíza en Santurce.

El equipo educativo resultante fue el mejor jamás imaginado: Lionel Villahermosa en artes visuales y bomba; Verónica Ortiz en danza; Jean Carlos Claudio en circo; Tito Matos en música; Lidy Paoli López en video y fotoperiodismo; Mariana Reyes Angleró en redacción para fotoperiodismo y Kisha Tikina Burgos en guión para video. En mis manos quedó el taller de teatro. También las madres y padres, como en el plan original, tuvieron sus propios talleres vinculados a temas de crianza, solución de problemas comunitarios y de autogestión laboral. Esas charlas/talleres las tuvimos el domingo 14 de junio en un intensivo de 10:00 am a 5:00 pm. Los educadores comunitarios Yimaris Menéndez, Carmen M. Ramos y Elías Rivera se “echaron en el bolsillo” a los/as asistentes con su multiplicidad de recursos educativos y empatía.

No éramos un campamento; eran talleres enfocados en las artes; dirigidos prioritariamente a la comunidad Machuchal; que conllevaba un pago de $10.00 dólares al mes por participante; que se tenían que comprometer a suministrar la merienda grupal de alguna de las sesiones y ser puntuales tanto en la llegada como en la partida; que debían asistir a las charlas organizadas y dirigidas a los adultos y adultas; que fomentaríamos el reciclaje durante nuestras actividades diarias y por tanto, cada participante debía llevar su propio vaso y plato reutilizable para consumir su merienda y que tendríamos una estación de reciclaje. Todas las personas adultas a cargo de los menores -que fueron contactadas- parecían atónitas, empáticas y dispuestas a aceptar todas las condiciones mencionadas.

Llegó nuestro primer día de talleres. Habíamos limpiado el espacio del salón y los baños a utilizar durante la actividad de verano. Correspondió recibir a madres, padres, niños y niñas que venían con mucha curiosidad y entusiasmo. Deseaban conocer el espacio que nos albergaba y cómo se iba a llevar a cabo aquello de lo que habíamos hablado. La semana anterior tanto María (para la sesión am), como Missy Adamus (para la sesión pm) –otra madre voluntaria y mamá de Bradford- se encargaron de asignar las meriendas según el calendario establecido. Todo funcionó muy bien y cerramos la sesión de la mañana merendando y con mucha alegría.

Artes visuales 2

La sesión de la tarde me sorprendió con un número de participantes menor del matriculado. Creo que los adultos y adultas a cargo de menores debemos tomar más en cuenta las opiniones de ellos y ellas -sobre todo si son adolescentes-antes de comprometerlos en actividades. Finalizado los talleres correspondientes a ese día, les pedí a los y las jóvenes que asistieron, que promocionaran la actividad de verano programada entre sus amistades para poder completar la matricula. Así lo hicieron y al día siguiente se duplicó el número de participantes. A pesar de ello, no llegamos a la meta de tener quince jóvenes en las sesiones de la tarde, pero sobrepasamos los quince en las sesiones de la mañana. De ese modo se hizo un balance entre ambos grupos.

Las sucesivas semanas transcurrieron con algarabía y disfrute. Al final de cada una de las sesiones los y las participantes preguntaban qué taller correspondía para la semana siguiente. Creo que ese fue uno de los aciertos -la variedad de disciplinas artísticas y la expectativa de lo próximo- según las evaluaciones que los y las participantes completaron al finalizar la academia. Además, en dichas evaluaciones nos dejaron saber que a la mayoría les gustaron todas las artes a las que se expusieron. Madres y padres también nos comunicaban que en la casa conversaban con entusiasmo sobre lo que trabajaron o continuaban practicándolo.

Otro acierto fue el encuentro de personas de diversos trasfondos sociales, educativos y económicos, tanto para los y las menores como para los adultos y adultas a cargo de estos menores. La madre de uno de los chicos agradeció que su hijo estuviera en contacto con otros chicos y chicas con los que no se hubiera encontrado de no haber sido por los talleres. Ella entiende que fue una experiencia expansiva de carácter, ciudadanía y amistad. Igual pasó en los talleres para adultos y adultas, en el que el aprendizaje individual y el colectivo hizo que aprendiéramos del otro y con el otro porque cada quién llegó allí con lo que era para compartirlo con los demás. Otra madre agradeció el que no fuera una actividad multitudinaria ya que su hija se sentía acogida y tranquila. Agradecieron también el que chicos y chicas consideradas tímidas estaban más extrovertidas y creando un nuevo círculo de amistades. Incluso en los momentos conflictivos, aprendimos a manejarlos con herramientas de respeto, raciocinio y solidaridad. En resumen, la autoestima de todos y todas las que allí participamos salió fortalecida.

Un elemento clave en el proyecto piloto fue favorecer el proceso sobre el producto. En otras palabras, no ponernos la presión de un cierre con presentaciones. Como educadora en las artes considero que esto en lugar de favorecer la experiencia, la puede sabotear debido a que se pone toda la energía en función de la presentación para que quede perfecta. Esto, con una población que apenas está teniendo un asomo a lo que es el mundo de las artes, puede representar algo tedioso, aburrido y cargado de exigencias. Además, como mencionara previamente, implica dedicarle mucho tiempo de las sesiones para un acto futuro en afán exhibicionista, en lugar de vivir todos los días con la emoción del hacer por explorar mundos nuevos. Por ende, no teníamos planificado un cierre estructurado con presentaciones. Sin embargo, siguiendo la constante de los cambios y los ajustes antes mencionados, ocurrió algo que nos facilitó un cierre perfecto y fluido.

Como mencioné, nuestra sede fue la antigua Academia Santa Teresita. Esta institución cerró sus puertas en años recientes. Sus magníficas instalaciones son una provocación para cualquier gestor cultural o institución que ofrezca servicios educativos. Actualmente el edificio que está en uso es la antigua escuela superior que alberga la Academia Gersh, organización educativa dirigida a niños y niñas autistas. Precisamente, el último día de nuestro proyecto, dicha academia tenían una feria agrícola en los predios donde realizamos nuestra labor. Atraídos por los tambores de bomba y por el movimiento generado por nosotros en el edificio deshabitado que nos albergaba, maestros y maestras de Gersh se nos acercaron durante la segunda semana de talleres para invitarnos a formar parte de su actividad. Aceptamos la invitación y así tuvimos un cierre.

El viernes 26 de junio degustamos en nuestro espacio refrigerios y golosinas, vimos el video de animación que hicieron en los talleres de artes visuales y video, repartimos los certificados de participación que nos preparó Candy Santana (abuela de uno de los participantes), se expusieron los dibujos resultantes de los talleres, etc. A la hora acordada con el personal de la Acacemia Gersh, presentamos en la feria -ubicada en la cancha de la antigua Academia Santa Teresita– una pieza de danza y otra de bomba que fueron del agrado de todas las personas que asistieron. Además, nuestros chicos y chicas pudieron disfrutar de las exhibiciones de la feria agrícola. Mientras tanto, los y las jóvenes de fotoperiodismo pasaron revista del evento para documentarlo.

En conclusión, cuando reflexiono sobre el Proyecto piloto para la Academia de Artes Multidisciplinarias en Machuchal considero que sobrepasó por mucho mis expectativas. Los cambios y circunstancias inesperadas fueron un reto para una sargenta cultural como lo soy yo, que desea tener todo bien cuadrado. La lección aprendida no implica el no organizarme ni dejar cabos sueltos, pero sí confiar y fluir cuando se está segura de que lo que se está haciendo es bueno y valioso para la comunidad. Tanto es así, que recibimos ayuda de gente de nuestro barrio que se identificaron con el proyecto, como las hermanas Taína y Marina Moscoso de Casa Taft, que nos promocionaron los talleres durante la matrícula. También fue el caso de Ivis Santana, quien nos hizo el suculento almuerzo para todas las personas participantes en las charlas para adultos y adultas realizados el domingo 14 de junio. Además, mis amigas y educadoras comunitarias Carmen M. Ramos y Yimaris Menéndez que nos dieron su trabajo pro bono ya que confían y se solidarizan con gestiones de esta naturaleza.   Considero que el éxito del proyecto estuvo en la gestión compartida con niños, niñas, jóvenes, madres, padres y allegados, asistentes, educadores y educadoras, personal de la Parroquia Santa Teresita y de la Gersh, todos y todas halando con entusiasmo en una misma dirección. Ello provocó que la tarea se hiciera con la alegría del compromiso, con solidaridad y la expectativa del proyecto permanente. Esa era la constante en preguntas y comentarios: “!qué pena que terminó!”, “¿seguimos el año que viene?”, “¿y ahora que voy a hacer el lunes?” Mi respuesta era: “está en nuestras manos, tenemos que organizarnos si queremos continuar, si queremos que la Academia de Artes Multidisciplinarias en Machuchal sea un proyecto permanente.” Porque la meta es que manejemos mejor toda la gestión iniciada aquí, desde el reciclaje hasta el encuentro y dialogo de poblaciones variadas que compartimos la misma comunidad. Creo que esa es la metáfora que el proyecto me demostró: cambios, ajustes y transformación para fortalecer la comunidad en la que vivimos para crear el país que soñamos.

*El Proyecto piloto para la Academia de Artes Multidisciplinarias en Machuchal fue subvencionado con fondos del Programa de Subvención Básica para las Artes de la oficina de Apoyo a las Artes del Instituto de Cultura Puertorriqueña y el National Endowment for the Arts.

 

 

  • Alexandra Pagán

    Nicolás quería estar ya a las 9:00. Aprendió muchísimo y lo disfrutó tanto que ya estamos esperando gustosos y súper solidarios el próximo taller.