Yoga con El Pollito

Sábado, 8:25 A.M.

Llego en bici justo a tiempo para mi clase de yoga en It’s Yoga en Ocean Park. Saludo a la maestra, paso mi tarjeta y entro directamente a acomodarme para la clase. Está lleno, pero encuentro un espacio justo al frente. Me estiro. Decido ir al baño antes de que comencemos y justo ahí me doy cuenta de que tengo un roto en el pantalón. La vergüenza se apoderó de mi en un instante. “Estoy justo al frente en la clase. ¡Cada vez que me doble se me va a ver el roto!” Fue lo primero que pensé. Salí corriendo a ver si podía mover mi alfombrilla para la parte de atrás. El salón lleno, y justo ahí encuentro un espacio al lado de la puerta en la parte de atrás, uff, me salvé.

 

Cuando me estoy estirando en mi nuevo lugar seguro, miro por la puerta justo para ver ¡El Pollito! ¿José Alfredo Hernández Mayoral va a coger esta clase? Bueno después de las elecciones creo que es lo que todo el mundo debe hacer, a ver si nos centramos un poquito. Me estiro para el otro lado.

 

El pollito entra al salón y veo que el único espacio que hay disponible es el que yo acabo de dejar, (por la vergüenza ajena, al verme el roto del pantalón) al frente de la clase.   “Esta clase va a estar buena”, pensé, justo antes de que entrara la maestra. Tengo que admitir que me distrajo su presencia en varios momentos, no todos los días ves a un “político” haciendo yoga. Acomodó su alfombrilla “Manduka Black Pro”, guardó su bulto de la misma marca en el casillero y regresó para estirarse.

 

Esta clase era particularmente variada. Dos señoras de más de 70, una chica embarazada, varios “baby boomers” principiantes y una que otra que siempre frecuentamos el estudio y como la cereza del helado, la celebridad. La respiración y el sudor ocupaba todo el espacio, moviéndonos entre asanas, cada cual a su ritmo. Por lo que pude ver nuestro político visitante ha tomado algunas clases privadas aunque todavía está un poquito “trinco”.

 

Pasó la hora y media y termina la clase. La chica que está junto a mí me saluda y me pregunta, con una sonrisa que inspira un tanto de complicidad: “¿Estás contenta con el resultado de las elecciones?” “Clarooo”,  le respondo con una amplia sonrisa, justo para ver detrás de ella a lo lejos a “El Pollito” que toma un poco de agua. Fue gracioso ver la representación del bastión popular al fondo de la imagen.

 

Termino mi práctica y me tomo un momento para ponerme de cabeza. Mientras lo veo todo al revés, “El Pollito” recoge su “Manduka” y mira a todos los que han sudado con él. No hay pretensión, no hay admiración o reconocimiento particular, es otro que está to’ sudao. Me pasa por el frente, sale. La maestra le pregunta cómo se siente… “Bien, muy bien” fue lo que alcance a escuchar mientras su voz se confundía con el murmullo de los que entran y salen para la próxima clase. Recogí mis bártulos y mientras soltaba el candado de la bici pensé: “Bien, muy bien…” así mismo me siento yo todos los días cuando salgo de la yoga.  Hasta fantaseaba con que había esperanza para el país. En los 90 ellos “jogueaban” por San Juan, ahora corren bicicleta y hacen yoga, hasta se ven más civilizados. Si él pudiera explicarles los beneficios de la yoga a sus correligionarios ¿Acaso no mejoraría el país?